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Dom, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

Estamos cambiando la estructura, la estética, la dinámica  de este periódico digital que vamos alimentando con las ilusiones y las realidades de tantos artistas, aficionados, profesionales de al gestión, universitarios, técnicos, dramaturgas o programadoras. Sí, tenemos más de veinte mil suscriptores a nuestro boletín de los lunes y están repartidos por todo el ámbito teatral de Iberoamérica. Y nos sigue dando muchas satisfacciones en cuanto a circulación, visitas, servir páginas y todas esas estadísticas que conforman una nebulosa de consignas y mensajes contradictorios. Fuimos pioneros, y ahora hemos decidido reformarnos en lo práctico, es decir en sus formas y en su funcionalidad.
Los contenidos, con leves variaciones, serán similares, porque por definición si nos empeñamos en llamarle Periódico de las Artes Escénicas, debe tener noticias de estrenos,   festivales, giras, decretos, convocatorias o reglamentaciones institucionales. Debe tener entrevistas, críticas, crónicas. Voces diferentes, no una idea monolítica, sino justo lo más abierta posible, aunque mantengamos, por derecho, una postura clara sobre los movimientos artísticos, las producciones, las tendencias y las posibilidades de cambio. Libertad de expresión. Pensamiento y acción.
A algunos, entre los que me cuento, nos preocupa mucho el futuro, la desidia institucional, la falta de criterios políticos para planificar un futuro de las Artes Escénicas que cambie el paradigma actual de la producción como eje central de casi todo, la subvenciones a ello, la falta de usos proactivos de los setecientos edificios de nueva planta, las enseñanzas, la creación de públicos o su mantenimiento. Y me preocupa por experiencia, por tenerlo claro, porque de verdad, lo confieso, donde yo me encuentro a gusto, donde no tengo horario, ni hambre, ni sed, ni sueño, es en una sala de ensayo o en el cierre de una entrega de ARTEZ o corrigiendo un libros de cualquiera de nuestras colecciones.
Quiero señalar, una vez más, que no aspiro a nada más que a seguir haciendo lo que me apetezca. Leer, ver, hacer teatro, criticarlo, amarlo, soñar, meterme en imposibles que acaban siendo realidades, y así hasta que las fuerzas no me abandonen del todo. Es necesario auto jalearse, animarse desde un convencimiento interno profundo, porque la realidad, la de verdad, no la propagandística es que no avanzamos, que estamos como hace cinco o diez o treinta años, que se mantienen estructuras obsoletas, corruptas que solamente tienen una solución: demolición controlada. Hablo del INAEM. Que nadie se confunda.  Y no es por el propio Instituto, sino por su difícil encaje en el entramado constitucional. Y porque es un lugar de inercias centralistas y con sospechas de toda índole.
Así que aquí estamos, seguimos, sufriendo con los cambios estructurales de nuestra propia web, con la adaptación real a este nuevo formato, acostumbrándonos a lo nuevo, pequeño, lo nuestro que compartimos con ustedes y esperamos serles útiles.
A quienes nos ignoran, nos censuran económicamente, nos azuzan con dinero público, que la justicia les pille pronto.
Al resto de almas cándidas, de dientes retorcidos, de amantes pasionales, vocacionales o científicos,  simplemente decirles estamos con ellos. Por definición.  De todos los que nos usan, leen, apoyan, esperamos la fuerza para continuar muchos años más.