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Mié, Oct

Y no es coña | Carlos Gil

Acaba de terminar la edición número treinta y cinco del Festival Internacional de Teatro de Expresión Ibérica en Oporto, y sus organizadores se sentían descentrados porque a la semana de empezar ya celebraban su despedida. Acostumbrados a ofrecer dos semanas de programación, los recortes económicos, la situación de Portugal, les ha llevado a decidir mantener el mismo nivel de exigencia programática, pero recortar los días de presencia. Una solución que se toma utilizando no solamente el análisis coyuntural de la economía, sino después de un profundo debate para volver a los principios, que es uno de los viajes imprescindibles en estos tiempos tan propicios a la urgencia.

El famoso "que no se note" imperante en otras opciones festivaleras o de acción programática, ha servido para ir devaluando las propias acciones emprendidas. No es posible hacer el mismo festival con la mitad de presupuesto. A no ser que se quiera dejar la sospecha de que antes se hacía derrochando dinero o pagando cantidades no adecuadas a los participantes. Por lo tanto, en muchas ocasiones la elección reside en aceptar que los recortes sobre un programa concreto es suficiente como para mantener una edición, de transición si se quiere, pero que no rebaje el valor cultural o artístico su propia historia. Decidir si es mejor no hacer algo que no esté en consonancia con lo que ha sido ese programa o festival, o hacerlo de manera reducida para que no se pierda el hábito, la costumbre de ese encuentro con los públicos que son, según dicen todos los agentes, lo más importante.

Quienes a lo largo de estos treinta y cinco años hemos tenido alguna relación con el FITEI, como referencia informativa, como lugar donde actuar o presentar espectáculos dirigidos o producidos por uno, después como informador, hemos sentido siempre una profunda admiración por este colectivo que lo ha llevado a buen término porque lo ha hecho, con todos los matices que se quieran empelar, siguiendo una línea programática, desde una formulación política, y es este campo desde el que operan y el que les lleva a mantener su actividad, y la manera de hacerla, por principios.

Nos situamos en su órbita. Desearíamos que la Cultura, las Artes Escénicas, se movieran por coordenadas de incidencia en la ciudadanía más allá, del ocio, el entretenimiento o el lucimiento social, que existieran colectivos comprometidos con una idea del mundo, del arte, del teatro, que sin dogmatismos, procuren crear las condiciones para que se lleven a cabo las creaciones que sirvan para la emancipación de los seres humanos. Y que tengan una orientación programática, clara, precisa, con todas las excepciones que se requieran, pero que nos alivien de esa sensación de oportunidades o modas que tantas veces atraviesan las programaciones de festivales de mercado.

Quizás se trata de un modelo de festival que responde a otros tiempos. Pero estos son los únicos que pueden mantenerse con alguna viabilidad en medio de las actuales turbulencias. Una entidad privada, consorciada con las instituciones, con unos estatutos muy claros para ofrecer una idea de la Expresión Ibérica en los escenarios que abre campos de intervención generosos. Están sufriendo, siguen en la incertidumbre, la situación puede empeorar, pero uno sale convencido de que el FITEI de 2013, se hará, tan bueno o mejor que el que acaba. Y lo harán por principios.