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Mar, Nov

Y no es coña | Carlos Gil

Entre villancicos y mantras alienantes de los bombos de la lotería intento contener las emociones que se desbordan por la rama visceral. Son demasiadas las veces que la frase no bien construida, el argumento inconcluso y el afán de notoriedad nos hacen cometer injusticias cuando no difamaciones de baja intensidad. Las generalizaciones son siempre sacos sin fondo, pescar con redes pelágicas en las que caen todos los que pasaban por ahí, y en este rincón nos inspiramos con una frecuencia malsana en las actitudes poco ejemplares de algunos funcionarios o gestores profesionales que se encargan no de facilitar las cosas, sino de paralizarlas. O así lo entendemos.

Pero son muchos los funcionarios, las gestoras, los responsables políticos que parten de una buena intención, aunque acaben comidos por el ambiente, por las circunstancias. Voy a poner un ejemplo concreto, Guilherme Reis, actor, director, promotor del Festival Cena Contemporânea de Brasilia ha asumido una gran responsabilidad aceptando hacerse cargo de la Secretaría de Cultura de Brasilia. Se trata de un compromiso de alto voltaje. Méritos y conocimientos le sobran, lo que hace falta ahora ver es si todas las ideas, todos los planes que puede ir diseñando se pueden cumplir. Y en el tiempo adecuado. Las promesas electorales son una cosa, las intenciones de cambio otras y las realidades, lo conseguido, es lo que al final cuentan.

Debo señalar que hace poco menos de un año, estaba soñando posibilidades, planificando acciones teatrales de ámbito internacional en Santiago de Chile, haciendo quinielas sobre el futuro gobierno que se debía conocer en breve y una de las personas con las que jugábamos a esos futuribles fue nombrada a los tres días, Ministra de Cultura de Chile, Claudia Baratini. Tengo diseminados por el mundo entero a conocidos y amigos que han dado ese paso, a los que admiro, y a los que en ocasiones debo consolar cuando se dan cuenta que existen unos aparatos estructurales que impiden a base de leyes, reglamentos y ortopedias funcionariales varias dejar caminar con libertad a los recién llegados y, sobre todo, a sus ideas, planes o proyectos.

Quienes aceptan estos cargos, asumen una responsabilidad y un compromiso grandes. Pero deben comprender que pese a todas las renuncias o reconstrucción de sus planes previos que deban hacer, del estrés y problemas que les llegan sin esperarlo, deben considerarse unos privilegiados. Durante un tiempo tienen la posibilidad de influir desde su posición. Trabajar para todos, sin excepción. Cambiar a base de decretos, reglamentos o leyes, la situación. Mejorar lo existente. Y eso desde esas posiciones se puede lograr. Se necesita apoyo externo, pero es más factible hacerlo desde esos cargos, que desde estas columnas. Aunque estas columnas pueden influir, no tienen la posición adecuada para convertirlo en realidad tangible. Ni los boletines oficiales.

Por eso la rabia nos ataca cuando vemos a tantos otros que llegan a cargos similares con la única intención de medrar. De figurar, de seguir una carrera política. Son los que no se implican, los que dejan pasar los problemas hasta que se agotan, los que en vez de influir se dejan influir por las oligarquías presionantes para las que hacen propuestas a su servicio. Nos encoleriza los que tienen la responsabilidad de programar y solamente descuelgan los teléfonos de dos o tres productoras o distribuidoras. De los mandos intermedios que pudiendo colaborar simplemente cumplen con su horario, sin importarle la realidad. Son esos los que junto a los entreguistas, lameculos, corruptos menores que se arrodillan, ríen las gracias de estos señoritos inútiles en nombre propio o de asociaciones inanes les dan razón de ser a los que impiden con su actitud negligente el mejor desarrollo de las artes esencias.

No todo es IVA. No todo es presupuesto. Es actitud, ideas, capacidad de escuchar, de compromiso. Se necesita bendición política, pero los técnicos están para detectar las necesidades y diseñar las soluciones, no para ir a comer con tarjetas black con sus impresentables señoritos. Todos los gestores, productores, distribuidores, cargos de designación directa o por elección que se comprometan, que tengan una idea de lo que debe ser la cultura y las artes escénicas y la intenten llevar adelante, son admirables, se les puede considerar nuestros compañeros e iguales. Aunque discrepemos hasta la saciedad. Aunque se equivoquen. Y no hablamos de sueldos ni prebendas, sino de acciones concretas.

Felices fiestas.