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Mar, Nov

Sangrado semanal | Juana Lor
Desmenuzar lo aprendido para dárselo a la boca a una persona que empieza y a quien aún no le han salido los dientes para masticar, obliga a ir a la esencia. Dicha persona ni siquiera balbucea, pero el brillo en su mirada lo dice todo. Ganas de hacer, de aprender. Lleva en los ojos el relumbre de la fe ciega, de la entrega a la causa. Hay que explicarle todo. Hasta lo más básico. Aquello que el artista que lleva años trabajando ha asumido e integrado de forma tan profunda que ha llegado a olvidar para darlo por sentado. Pero ahí está la recién llegada para recordarle que hay que echar la vista atrás y empezar a enumerar las letras del abecedario una a una: A B C...

A) Cuando trabajes en la sala y recibas notas de la persona que dirige o guía la sesión no hace falta que las contestes. Mantén la concentración, la mirada en un punto concreto. De momento, que nadie te baje de ahí. Nada ni nadie. Ni un huracán ni un mono con pistolas saltando frente a ti. Mantente firme. Y aguanta. Este es un trabajo de largo recorrido, de larga distancia. Y de tiempo. La capacidad de concentración, de focalización (que dirían los anglosajones), es vital. Pero no basta con ser capaz de concentrarse; el verdadero reto consiste en mantener esa concentración. Y no es sencillo, porque ésta tiende a caer una y otra vez. De hecho, lo hace con cualquier cosa, que puede provenir, a su vez, del interior de uno mismo o del exterior: igual de peligroso puede ser un pensamiento cotidiano que una mosca a la hora de detonar la caída de la presencia actoral en sus inicios.

B) No te rasques. Mientras actúas, mientras cantas, mientras narras o bailas. No te rasques. A menudo, la persona que está empezando a trabajar su presencia escénica, ni siquiera es consciente de lo que ha hecho, de que efectivamente se ha rascado un brazo o se ha apartado el cabello de la cara, porque para ello es necesario desarrollar una conciencia muy precisa del propio cuerpo. ¿Qué está haciendo en estos precisos momentos el dedo meñique de tu mano izquierda?

C) Mantén las rodillas desbloqueadas. ¿Ehhhhhh? Si, ya se que suena extraño, pero este es un principio que se repite en muchas tradiciones teatrales y escénicas del mundo. Además, forma parte de la postura de base que encontramos, una y otra vez, en el deporte. Esto último lo dice Eugenio Barba en su Tratado de Antropología Teatral. El hecho de tener las rodillas desbloqueadas permite establecer limpiamente una conexión corporal interna que va desde la planta de los pies hasta la cubierta del cráneo. Si las rodillas están bloqueadas, esta conexión queda interrumpida y el actor "queda vendido" de cintura para abajo.

Desbloqueadas las rodillas y una vez construido el enlace cabeza-pies, al que también podemos denominar cielo-tierra, tenemos las condiciones para poder trabajar otro de los principios que ayudan a establecer la presencia escénica del actor-bailarín. Y lo hacemos imaginando dos flechas, dos vectores vivos en nuestro propio cuerpo: una fuerza que tira hacia arriba, que sale de la cabeza y apunta al cielo y otra que hace el recorrido contrario, sale por nuestros pies directa al centro de la tierra. Y voilà, aquí tenemos la esencia misma del teatro hecha carne en el cuerpo de la actriz. El principio de oposición, el conflicto.

Estos son algunos de los principios que han reunido y desglosado Eugenio Barba y Nicola Savarese en su singular diccionario teatral llamado El Arte Secreto del Actor. Ese Arte Secreto se construye a base de herramientas y técnicas que conforman la presencia extracotidiana necesaria en escena. Magnetismo, seducción, duende... son otros nombres que se le han dado a esa fuerza invisible que los buenos artistas han manejado a lo largo de los siglos.

Se puede aprender a fijar la atención en un punto, a aumentar la concentración, a mantener las rodillas desbloqueadas mientras un ojo mira al cielo y el otro al suelo... Pero si logramos que el aprendizaje de esas herramientas no mate la luz de nuestra mirada de principiante, entonces el brillo se ampliará de forma exponencial. Sirvan de ejemplo los ojos de Fernando Tejero mientras canta "Puro Teatro" en la gala de los premios Max de este año. ¡Qué secreto el arte de este actor a la vista de todos!