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Vie, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

Esta semana sabremos si existe alguna posibilidad para enfrentarnos al futuro inmediato con alguna posibilidad de ilusionarnos. Si en las capitales más importantes del Estado español se logran mayorías que aparten a los que hasta ahora han llevado unas políticas neoliberales y culturalmente expositivas y turísticas, deberemos empezar a presionar a los recién llegados para que incorporen en sus planes de prioridades asuntos muy sensibles sobre las artes escénicas. Vale, de acuerdo, las desigualdades sociales, las políticas de salvación a los más desfavorecidos, todo lo que tiene que ver con la economía social, los desahucios, el paro y un largo etcétera debe ser tratado con urgencia, no hay que esperar mucho, pero después, en las prioridades, ¿dónde queda la cultura?

Porque, insistimos, la inmensa mayoría de los teatros de todas las redes son de titularidad municipal. Son competencias impropias, sí, pero estaría bien que los nuevos consistorios asumieran planes y políticas de regeneración de esos espacios a base de estudios y de medidas urgentes que pueden volver a reactivar una actividad en las artes escénicas que también genera puestos de trabajo, tiene un porcentaje de profesionales en paro insufrible, mueve actividades colaterales y, sobre todo, procura a la ciudadanía en general felicidad.

Habrá que ver en cada caso, en cada ciudad, cómo se estructuran los gobiernos, quiénes se hacen cargo de Cultura, la manera que tienen de hacer un diagnóstico de la situación actual, la confianza que ponen en los funcionarios especializados, si los hubiera, la necesidad de democratizar la gestión en los casos en los que son nombramientos de partido, incluso en lugares donde programa el concejal o concejala. Es una labor política, que debe contar con el asesoramiento externo de expertos. No hablo de asesores fijos, sino puntuales, experimentados señores y señoras que pueden ayudar a tomar decisiones a base de análisis y de planes posibles que deben asumirse desde los equipos de gobierno.

Posiblemente no es lo mismo Zaragoza, que Antequera, ni Madrid que Alicante, Ni Castrogeriz que Motril, pero en todos los casos hay circunstancias muy similares: teatros públicos que deben definir su gestión, es decir sus contenidos, su relación con la ciudadanía, junto a muchos otros teatros de barrio, casas de cultura, que deben ser lugares fundamentales para una cultura democrática de base, un foco de inserción cultural. Y es recomendable, como primera providencia, que si hay gestión nominativa, es decir con gerente o directora nombrada tras concurso, que se haga de manera democrática, transparente, limpia, sin ninguna otra cortapisa que el proyecto que cada cual proponga.

Quizás haya que empezar por cuestiones más útiles. Tengo el honor de visitar las salas alternativas, las de siempre y las nuevas, en varias ciudades, y me parece urgentísimo que se regulen. Y esto es una función municipal clara, evidente, de resolverse de manera rápida. Estar en el limbo como se está en la inmensa mayoría de ciudades, pero especialmente en Madrid, genera una inseguridad muy grande. Se trata de gestiones privadas, de circunstancias muy precarias y todas están resignadas a que en el momento menos pensado llegue una inspección y las cierre.

Obviamente hay que pensar en la seguridad de los espectadores, en las molestias a los vecinos, en las condiciones básicas de salubridad, pero si eso está regulado de manera clara y concisa, se pueden todas preparar y adaptar para cumplir esas condiciones de un reglamento de policía de espectáculos que debe contar con esta realidad creciente. Lo contrario es generar más incertidumbre. Es mantener en el filo a unas salas que de propio mantiene un delicado equilibrio para su existencia.

Por eso es necesario ir de lo prioritario a lo urgente y viceversa. En Cultura y Artes Escénicas, sobre todo. Vamos a ver si en los programas aparece algo y si no es así, tendremos que reclamarlo, eso sí, con urgencia histórica.