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Mar, Nov

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Vuelvo a estas páginas, querido lector, querida lectora, después de un receso de varios meses en los que me he dedicado a tareas varias, no menores, como el montaje de lecturas teatrales sobre Cervantes y Shakespeare o actuaciones con un pequeño espectáculo sobre textos de Galeano: Ventanas. Amén de continuar con mi labor formativa en cursos varios y presentaciones del libro "Teloncillo 1968-2015" editado por el Ayuntamiento de Valladolid el pasado mes de abril. El resto del tiempo le he dedicado a "ver". Ver amigos, ver espectáculos, otear el panorama escénico, ver posibilidades de mantener nuestras actividades en el momento actual.

Cuando nos dimos cuenta que la crisis se iba a quedar entre nosotros en conversaciones con amigos de profesión –gestión cultural- decía que los proyectos se nos habían convertido en procesos. Ahora, como bien sabe nuestro dilecto director de publicación, proyectamos proyectos y procesamos procesos, o sea, mareamos la perdiz.

Definen al proyecto algunas características ineludibles: objetivos, recursos, plazos cortos, actividades. Todos tasados, concretos. El proceso combina fundamentalmente los mismos elementos, pero los plazos son medios e incluso largos...muy largos. Algunos procesos son "sine die", como acabar con las guerras y la pobreza en el mundo.

Otro de los elementos en juego, los recursos, se consumen masivamente en los procesos y en menor cuantía en los proyectos...ahora ni uno ni otro dispone de "recursos asignados". Pongo un ejemplo, producciones escénicas en España. Precisan de recursos económicos, técnicos, materiales...personas. ¿Cómo se obtienen esos recursos? Fundamentalmente porque alguien compra lo que producimos o porque hay alguna institución cultural que nos ayuda...hay grifos menores, nuevos como el crowdfunding o más añejos como pasar la gorra en la calle.

Las instituciones que apoyaban o han desaparecido o ya no apoyan...autonomías que no convocan subvenciones o lo hacen con cantidades exiguas. Ministerios que reconocen que han disminuido un cincuenta por ciento sus partidas. Demasiados ejemplos.

¿Compra de espectáculos? Han desaparecido festivales, redes, circuitos...se impone más que nunca el bolo aislado, lejano, costoso si no entras en la rifa de Platea. Nadie ofrece una pequeña gira de la que se volvía con más amigos en otras provincias y algún saldo en la cuenta corriente. Hay compañías de pedigrí con una o dos actuaciones al mes.

Todo eso te sucede a no ser que trabajes en Madrid o Barcelona, donde la población – casi 6 y 4 millones de habitantes respectivamente- puede soportar con sus ingresos una actividad comercial o alternativo-comercial (salas) la producción y exhibición de espectáculos...desde musicales a experimentación. Estas dos provincias suponen algo más del cincuenta por ciento de la actividad teatral en España...y empieza a ser un problema...hay programadores que ya se quejan de que o contratas espectáculo caro con famoso dentro o tienes muchos días inactivo el teatro...pues la programación de los más cercanos se resuelve en media docena de fines de semana al año...eso si consigues unirlo a una campaña escolar con guía didáctica, charlas a profesores, visitas a institutos y hasta una master-class a los aficionados locales, lo cual apoyo, claro.

¿Panorama desolador? Bueno, hay un cierto trabajo fuera de España, sobre todo Iberoamérica si no tienes grandes y costosos elencos y mucho material que transportar...muchos encontramos el refugio de "la educación"...allí donde hay Escuelas Oficiales de Arte Dramático o Bachiller de Artes Escénicas.

Yo diría que el panorama es "desollador".

No nos quejamos, las carpetas con proyectos están a rebosar.

Suyo afectísimo,

Miguel Angel Pérez

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