Sidebar

23
Mié, Oct

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

El compromiso no es conocer hasta el último detalle los entresijos del oficio.

El compromiso no es respetar las fechas de entrega de un trabajo.

El compromiso no es llegar puntual.

El compromiso no es acabar a la hora.

El compromiso no es hacer lo acordado.

El compromiso no es ejecutar la escena como se ha ensayado.

El compromiso no es afinar si se canta.

El compromiso no es ser creíble si se actúa.

El compromiso no es llevar el ritmo idóneo si se baila.

El compromiso no es respetar los tiempos de cada escena.

El compromiso no es seguir ciegamente las notas del director.

El compromiso no es respetar el texto y sus acotaciones.

El compromiso no es adecuarse al contrato.

El compromiso no es resolver todas las necesidades logísticas si se produce un espectáculo.

El compromiso no es conseguir el máximo número de actuaciones en las mejores condiciones, si se es distribuidor.

El compromiso no es organizar con coherencia artística los elementos de cada espectáculo, si se es director.

El compromiso no es anotar los detalles de cada ensayo si se ayuda al director.

El compromiso no es que crear bellos cuadros pictóricos si se es iluminador.

El compromiso no es construir un buen espacio escénico si se es escenógrafo.

El compromiso no es que el espectáculo suene adecuadamente si se es técnico de sonido.

El compromiso no es confeccionar grandes diseños si se crea un vestuario.

El compromiso no es componer una música atractiva si se es compositor.

El compromiso no es coordinar a todos los gremios si se es director técnico.

El compromiso no es que cada cual haga su trabajo lo mejor posible.

El compromiso no es conseguir que un espectáculo guste.

El compromiso no es pagar lo justo por un determinado trabajo.

Todo lo anterior puede estar relacionado con la profesionalidad, pero no con el compromiso. El compromiso, en un arte tribal como el teatro, es estar dispuesto a hacer lo previsto y lo imprevisto, lo acordado y no acordado, lo que está bajo contrato y lo que no, para mantener en llama la idea que unió al colectivo. Es correr el riesgo de quemarse en el fuego donde todos danzan alrededor.

Hay buen teatro que se hace de forma profesional. Sin embargo, aquellos teatros que tienen un aroma inolvidable sólo lo hacen las personas que, además de ser profesionales, están comprometidas.