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Lun, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Últimamente me ha dado por entretenerme buscando palabras en extinción de esas que existen, pero dado su poco uso en el lenguaje del día a día, tienen el riesgo de ser relegadas a diccionarios polvorientos e incluso desaparecer en un libro de historia del lenguaje de esos que nadie lee ni leerá jamás.

 

Escudriñando entre Clenasmos y Sermocineos, que, aunque parezcan nombres de dinosaurios extintos hace millones de años, no lo son, me encontré con una palabra que es la definición perfecta para el comportamiento de la sociedad actual:

“La Antipáfora, Prosopodis, Subyección o Sujeción son una misma Figura Retórica que consiste en preguntar algo y responderlo el mismo sujeto que ha hecho la pregunta. Consiste en hablar preguntando, no para que realmente nos respondan (ya que finalmente somos nosotros los que respondemos), sino para dar más expresividad al discurso”.

No les parece haber sido víctimas de esta definición e incluso haber sido ustedes mismos los protagonistas, haber escuchado durante un largo rato a alguien absolutamente auto referente o haberse sorprendido ustedes mismos siendo los auto referentes.

Basta con escuchar la radio, ver televisión, leer cualquier periódico o revista e incluso, tratar de conversar con un desconocido, como para darnos cuenta de cómo el lenguaje entre humanos ha dejado de ser una herramienta conducente a un intercambio de ideas para llegar a una nueva solución consensuada sobre una problemática dada, para transformarse en la expresión de egos hablándose a sí mismos frente a audiencias mudas.

No hablo de que nos sea imposible expresarnos, sino a la negativa de interlocutores creyendo poseer la verdad, escuchándonos con el oído izquierdo, para que el sonido salga por su oído derecho o viceversa. Salvo en algunos países gobernados por regímenes dictatoriales, en la mayoría de nuestras naciones podemos hablar de lo que sea, siempre y cuando no sea de manera vejatoria o agresiva, sobre lo que sea.

Podemos hablar de lo que sea, claro que en eso de ser escuchados es donde se produce el problema.

Grupos sociales desesperados por ser escuchados en sus demandas, recurren a movilizaciones multitudinarias, algunas de ellas concertadas y planificadas con mucho tiempo de anticipación, otras surgidas de manera casi espontánea por la necesidad imperiosa de ser escuchados por quienes usan falsas promesas como medio de silenciar verdades.

Y ya que el ser humano aprende sobre todo por imitación, nosotros mismos nos hemos transformados en auto referentes, imposibilitando así el diáslogo.

En las antiguas escuelas iniciáticas de esas sociedades que consideramos la cuna de la cultura contemporánea, el silencio era condición para ser aceptados en el grupo de los pensadores.

Escuchar en silencio para después de haber aprendido de él, ser capaces de dialogar con quienes ya lo habían hecho.

Un idiota dice todo lo que piensa, mientras que un sabio piensa todo lo que dice.

Nunca nos privemos de la posibilidad de exponer nuestros puntos de vista, aunque sean muy distintos al grupo en el cual estemos, eso claro está, después de haber escuchado a quienes podrían tener razón al punto de hacernos cambiar de opinión.

Dejemos a los otros usar la Antipáfora, Prosopodis, Subyección o Sujeción frente a la cual nosotros usaremos el silencio para meditar nuestra respuesta, aunque nos quieran hacer creer que la de ellos es la correcta.