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Dom, Abr

"La nueva misión del FIT de Cádiz impone una visión colonizadora e ignorante sobre la historia del teatro iberoamericano", explica Luis A. Ramos-García en su artículo 'Pulcritud frente al hedor americano. El FIT de Cádiz'.

 

Pulcritud frente al hedor americano. El FIT de Cádiz

Rodolfo Kusch fue un pensador argentino que planteó la dicotomía “pulcritud” versus “hedor”, para reflexionar sobre las diferentes visiones culturales europeas y latinoamericanas respectivamente. Resulta imposible comprender las tensiones que genera el concurso para la dirección artística del FIT de Cádiz sin recurrir a Kusch: una pieza clave del pensamiento decolonizador. Hace siglos que afortunadamente no somos colonia, ¿sabían? La “pulcritud” se refiere al planteamiento previo de premisas, normas, conductas y procesos con los que la ciencia presume ordenar, planificar y prever lo que acontecerá. En las ciudades “pulcras” este pensamiento se traslada a la Administración Pública y lo llaman “transparencia” en la gestión. Una terminología higienista que apesta en el siglo XXI, pero no por ello deja de estar de moda. El “hedor” latinoamericano asume el miedo, el caos, la existencia de un estar siendo que se vincula al devenir del “buen vivir”, al equilibrio entre la indómita naturaleza y la vida humana.

El cargo de la dirección artística del FIT quedó vacante por jubilación de Pepe Bablé, pero no se tuvo concurso hasta dos años después. Resultó muy transparente la contratación directa del 2020. ¿Cómo iban a prever una jubilación? La pandemia nada tuvo que ver con la demora de este concurso. Nos merecíamos un traspaso de dirección artística en el FIT 2019, eso hubiera sido transparencia, gestión pulcra de una vacante absolutamente previsible. No porque tuviéramos tácito derecho, sino porque en treinta y cinco años habíamos invertido nuestra lealtad a uno de los grandes proyectos españoles.

Para la ciudadanía que da sentido y valor al Festival, el FIT es un bien común sobre el que adquirimos derechos. Sin embargo, esta ciudadanía no tiene la menor incidencia en esta nueva visión del FIT, prediseñada pulcramente por el Patronato, cuyo estatuto garantiza el blindaje en la toma de decisiones. Es lamentable y dolorosa la distancia entre el discurso político y los resultados de esta gestión de gobierno. Políticamente enarbolan la participación ciudadana, luego se escudan en la norma de blindaje estatutario para eliminar cualquier incidencia de la ciudadanía en la decisión del Patronato. La convocatoria y el procedimiento de selección de candidaturas para la dirección artística del FIT son una prueba tangible de esta distancia entre el discurso y la gestión. Sí, todo es tan pulcro como lastimoso.

La mejor noticia se recibió hace pocos días, cuando anunciaron al comité de expertos para la preselección de candidaturas a la dirección artística del FIT. ¡Pero qué bien! Ni un solo latinoamericano/a entre estos especialistas. ¿Para qué respetar la ciudadanía cultural iberoamericana que el FIT consolidó durante treinta y cinco ediciones? ¿Qué sabremos los hediondos latinoamericanos sobre nuestra propia teatralidad? ¡No faltaba más!, los españoles saben todo lo que hace falta, confíen en su criterio higiénicamente impecable. El FIT sostuvo un Consejo Asesor, conformado por ESPECIALISTAS en teatro iberoamericano, que jamás fue consultado en este proceso de selección de la dirección artística. El Patronato recibió manifestaciones directas de la Mesa de Teatro de la Ciudad de Cádiz y de centenares de teatristas latinoamericanos, pero no importa, porque la “pulcritud” es primero: ninguna de estas voces tienen legitimidad, voto ni intervención en el seno del Patronato. Sí, todo es tan pulcro como lastimoso.

Apesta el giro en la nueva visión del FIT de Cádiz. Desde que lustran el discurso de “modernizar” al festival, escuchamos a miembros del Patronato reflexionar sobre cómo “realizamos el desembarco en Latinoamérica”: miren los vídeos de la edición 2020. ¿La pandemia tiene efectos colaterales como la regresión al pasado histórico colonial? Con estas expresiones, la nueva misión del FIT impone una visión colonizadora e ignorante sobre la historia del teatro iberoamericano, que jamás estuvo presente en un festival emblemático justo por todo lo contrario: consolidó respeto, equidad e intercambio entre diferentes culturas iberoamericanas. Por eso el Festival se convirtió en una quimera, en un objetivo a cumplirse como corolario de una carrera teatral. Como la cima de aspiraciones a la cual se quería llegar como algo especial.

¿Preocuparse? Nada está afectando el protocolo administrativo y nada interfiere en la autarquía del Patronato. Es más, son tan democráticos y fomentan a tal punto la participación ciudadana en sus propias fiestas, que en el Comité de Expertos hay dos miembros de instituciones que componen el Patronato. Esto es perfecto para transparentar la independencia de un comité que garantiza la no intervención de la mediación política en la preselección. ¿No les ciega tanta pulcritud? Desde Latinoamérica estamos deslumbrados ante semejante derroche de luminosidad e higiene ilustradas (a los siglo XVIII). Y no solo desde allí, también desde la hegemonía de la academia estadounidense donde muchísimos de nosotros conducimos cátedras de “teatro hispano- latinoamericano,” y publicamos docenas de libros que, no solo erigen la “España Posmoderna,” sino que también hablan con autoridad canónica del espíritu filial que mantiene a la Madre Patria española y a los que resistimos con su lengua y su espíritu. ¿Borrar con la mano izquierda lo que se hizo con la derecha?

El hedor latinoamericano ha sido literalmente expurgado del FIT, mediante un procedimiento administrativo impecablemente pulcro y transparente, que por estatuto no tiene ninguna obligación de registrar las tensiones expuestas por la ciudadanía iberoamericana. ¡Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos! Así se impone una visión modernizada del FIT de Cádiz, cabalgando con el “Azote de Dios”, caballo de Atila, destruyendo todo aquello que hizo de este festival un campo fértil, diverso y una pulsión de creatividad para el teatro iberoamericano. No se preocupen, quizá asfalten este campo y lo pulan para que brille aún más, convirtiéndose en un faro de la pulcritud: ni una brizna de biodiversidad, ni un aliento de hedionda diversidad cultural. Mientras, toda la comunidad FIT para quienes realmente la fiesta tiene valor y sentido, se admira de la perfecta ingeniería administrativa en virtud de la cual la nueva dirección del festival será lo que estaba previsto que sea. ¡A quien Dios se la dio, San Pedro se la bendiga! Un saludo plumífero, desde la Antípodas Quechuas.

Dr. Luis A. Ramos-García, University of Minnesota Spanish and Portuguese Studies

Grand Challenges Research Project: Social Justice Minneapolis, Minnesota 55455, USA