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Mar, Nov

Sangrado semanal | Juana Lor
Dicen que los opuestos se atraen, como lo hacen dos imanes. Oposición y atracción. Dos intensas corrientes que cuando quieren darse la mano generan un campo de fuerza realmente electrizante. Es como cuando una toma entre sus dedos dos imanes potentes, pero pequeñitos y los va acercando poco a poco entre sí, sin notar nada de nada al principio, hasta que, de repente, "Ah, ahí está", aparece esa fuerza, esa presencia energética que ocupa claramente el espacio existente entre esos dos pequeños imanes. Y que es notable, palpable, hasta que, ¡plaf! los dos polos se juntan de golpe y la tensión desparece.

Alguien escribió una vez que el deseo puede durar toda una vida. El cumplimiento, apenas el instante en el que perece el deseo, que es, precisamente, el momento en el que los dos imanes se juntan. Porque, a partir de ese momento, ya no hay historia. Fin del cuento. Ya no hay recorrido, tensión, distancia que separa, posibles recovecos o escapadas, ni campo de fuerza magnético haciendo de las suyas. Nadie seguirá enganchado a la telenovela una vez que los amantes se hayan unido para siempre.

Y es que el conflicto, tanto en una historia como en el propio cuerpo, genera una tensión que despierta la atención del espectador. Los cuerpos de actores, actrices y bailarines susurran este secreto a voces cuando trabajan en el escenario. Y muchas veces fuera de él, también. ¿Por qué no han podido apartar los ojos de esa persona en la cafetería? ¿Acaso era tan bella? ¿Tanto llamaban la atención sus ropas, su voz, sus gestos? ¿O era quizás la manera en la que estaba sentada? Debe de existir algún motivo por el cual no pueden dejar de mirarla, de oírla, de sentir su presencia. Algo que explique por qué resulta imposible ignorarla simplemente. Si han vivido alguna vez un caso semejante, es muy probable que hayan caído ustedes sin saberlo bajo el embrujo del principio de oposición.

Se trata de una característica que se repite en muchas tradiciones escénicas del mundo, que, aparentemente, nada tienen que ver las unas con las otras. Y, sin embargo, no importa si están ustedes viendo danza en Bali, ópera en China, Ballet clásico, Comedia del arte o la MTV. Los cuerpos trabajan con el principio de oposición y, como por arte de magia, parecen más grandes, más rotundos, tienden a ocupar más espacio. En definitiva, adquieren más presencia.

Una forma básica de trabajar la oposición en el cuerpo consiste en elegir dos puntos concretos del mismo e imaginar que crecen en direcciones contrarias. Por ejemplo: la cabeza mira hacia la derecha y la pierna izquierda se extiende hacia la izquierda. De inmediato, el juego de tensiones en el cuerpo se altera y la columna vertebral pasa de estar echa un higo a tener vida dentro, a estar alerta. Y todo esto sucede gracias a estos dos vectores internos que trabajan en direcciones contrarias.

Trabajar el cuerpo de este modo dota al actor o la actriz de una presencia diferente a la del estado cotidiano. Y ese juego de tensiones internas que genera la oposición de dos puntos concretos del cuerpo, puede también irradiarse hacia fuera. Y eso lo percibe el espectador, que dice sentirse atraído por el "magnetismo" de tal actor o actriz. Y aquí nos acercamos a otras de las cuestiones clave del oficio ¿Cómo conseguir ser extremo de uno de los dos polos y generar un campo magnético con el espectador?