Sidebar

08
Dom, Dic

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Le tomó más de 11 años obtener su título universitario para una carrera donde la mayoría de los estudiantes lo logra en 5 años; ¡una bruta! Sin ningún tipo de beca ni ayuda económica familiar, debió financiarse ella misma los estudios trabajando desde antes de salir del colegio y ya como mayor de edad, trabajando de mesera. Nunca le fue fácil acostarse agotada a las 2 de la mañana, para, a la mañana siguiente, con pocas horas de sueño, responder acertadamente a las preguntas de un examen.

 

Su padre existía, pero en una realidad paralela que jamás se juntó con la suya; él estaba más preocupado de su nueva familia que de ella y de no ser atrapado en sus negocios truculentos.

Su madre, único semi apoyo moral, más que ayuda se transformó en una carga debido a la enfermedad que se la llevó antes de ver a su hija como una profesional con cartón.

Su hermano, siguiendo el ejemplo de su padre, siempre fue un cero a la izquierda, hasta transformarse en cliente frecuente del sistema judicial, con algunas estadías encerrado por delitos varios.

Su hermana tuvo el primer embarazo de termino, esto después de algunos abortos, a los 16 años.

¿Una bruta?

Bruto quien lo piense.

Los objetivos claros se reconocen por sus logros, y ella, sin duda desde siempre tuvo claro cuál era su objetivo; el ser la primera profesional universitaria en la historia de su familia disfuncional, no para complacer a nadie, sino para demostrarse a sí misma que a eso que le llaman destino, se le puede torcer la mano, eso, si se tiene la suficiente voluntad y empeño como para vencer las dificultades.

A todos, en mayor o menor medida, nos cuesta sacar adelante cualquier iniciativa que nos propongamos. Aunque siempre se pueden encontrar excusas por el fracaso, la verdadera razón siempre, siempre, estará en nosotros mismos. Lo más fácil es culpar a los demás, las circunstancias, el clima, un cayo, o lo que sea. Lo más difícil es reconocer y reconocernos en nuestros errores.

Se puede vivir en la estéril victimización eterna o reconocer nuestras equivocaciones para sacar provecho del mayor aprendizaje de todos, del error.

No se puede caminar ni menos correr, si no se ha aprendido a levantarse después de esas caídas inevitables, algunas muy dolorosas, pero no por eso invalidantes.

Muchas veces nos hemos querido cobijar en el discurso lastimero de los afectos que nos rodean, esos que son ciegos por el amor que nos profesan y son capaces de culpar a todos por nuestros errores, a todos menos a nosotros mismos. Puede que a veces esto sea cierto, pero incluso en esos casos, se debe aprender del dolor que estos nos provocan en vez de enceguecernos buscando razones para culpar a otros.

Hasta el más bruto de los seres, al menos en algunas ocasiones puede acertar y es de esos aciertos de donde debe sacar la energía para enfrentar el dolor de sus fracasos.

La bruta que me sirvió de excusa como para escribir estas palabras es un ejemplo de que todo aquello que nos propongamos, lo podemos lograr siempre y cuando seamos capaces de levantarnos de las caídas en el camino.

O lo que es algo similar; “Si lo puedes soñar, lo puedes hacer”. – Walt Disney.