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Mié, Jun

Y no es coña | Carlos Gil

Atrancadas las emociones por haber realizado demasiados kilómetros en dos semanas para hacer una decenas de actuaciones con una obra escrita y dirigida por mí, "Flores Ácidas", que se estrenó en Córdoba (Argentina) con la que acabamos de estar en Almagro, Donostia, Bilbao, Segovia, Madrid, Úbeda, Portalegre y Beja, estas dos últimas en el Festival Internacional de Teatro del Alentejo. Digo que uno está acostumbrado a maratones en ferias y festivales, pero desde la butaca y las barras de los bares, no desde la furgoneta, la carga y descarga, montaje, ajuste de luces y representación. Y mucho menos con estos miles de kilómetros recorridos desde el día 2 hasta el 17 de marzo por las carreteras y autopistas peninsulares. Si a esto le añaden las horas de vuelo de mis compañeras actrices desde su ciudad natal, la cuestión se convierte en especialmente estresante.

Decía la diferencia entre asistir a una Feria o Festival como programador, como asesor, como crítico o en esta ocasión como participante activo, como autor, cosa que me ha pasado con más frecuencia y en esta ocasión, volviendo a mis orígenes, como autor y director. Un director colombiano en Beja, la primera frase que me dirigió fue, ¿Es posible ser juez y parte? Una magnífica entrada para establecer el debate eterno. Partir de ahí es pensar que la crítica es un juicio que comporta una sentencia. Y que por ser crítico uno está exento de esos supuestos juicios. NO entiendo la crítica de esa manera y lo he explicado en numerosas ocasiones y estoy por concretarlo en un panfleto sobre cómo acercarse a la crítica teatral, ampliando lo que propongo en los talleres que sobre la materia imparto.

Respecto a las críticas recibidas a lo largo de mi vida profesional, tanto cuando era un reo más o cuando era eso de juez y parte, desde luego eran más benévolas las primeras, entre otras cosas porque se dieron en lugares con más tradición y más espectáculos, en mi caso Barcelona, en una época gloriosa de periódicos potentes con críticos de toda índole bastante caracterizados y con ideas claras de defensa de lo de siempre frente a los que parecía anunciábamos algo nuevo. Después en mi etapa en Euskadi, he tenido de todo. Normalmente palos. Pero sucede que mantengo hacia esas críticas la misma actitud tanto cuando estoy de por medio como cuando no me afectan para nada: no las tomo mucho en consideración. Me parecen técnicamente insolventes, descriptivas, que no aportan nada al hecho teatral observado. Con retóricas y floripondios de manual, muchos quieren agradar y otros quieren joder, siempre ellos por delante de lo tratado. Y demasiadas veces sin tener ni la más remota idea de lo que ven. Magníficas previas del día después. Les dejas sin programa de mano, dossier o Wikipedia y no alcanza a describir ni la trama.

Pero sigue existiendo una falta de crítica en todos los lugares donde llego. Parece un oficio de tinieblas. Ahora hay legión de opinadores que son espontáneos y que cargan las nubes con delirios y copias. Y cada vez hay menso espacio en los periódicos de papel. Y cada vez todo se vuelve más espurio, más sintético, más banal. Tener un espacio concreto, normalmente corto, para criticar lo mismo da un Shakespeare que una pieza de danza contemporánea es uno de los escollos a superar.

Estos recuerdos de mañana vienen a despertarme una cierta nostalgia de aquellos tiempos en los que uno vivía atenazado por esta falsa contradicción. Si todos los que ejercen la crítica artística tuvieran cada cierto tiempo un baño de creación real, de estar tres meses encerrado en una sala de ensayo, de escribir con toda la tensión que eso produce, de afrontar la dirección desde las limitaciones del desentreno, pero de la acumulación de datos por los cientos de puestas en escena que se ve al año, se volverían más exigentes, pero consigo mismo. Hay que prepararse para la crítica como para la maratón. Hay que leer, estudiar, tener formación específica. Lo demás, serán siempre aproximaciones desde la filosofía, la filología o las pastas con té, pero no tendrá la misma enjundia. Hoy me siento feliz de sentir en el estómago unas palpitaciones terribles, una especie de miedo responsable cada vez que va a empezar una función mía y termino exhausto cuando el público aplaude y se apagan las luces. Quién no sabe de esto escribe de oídas.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€