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21
Mar, Nov

negro & negro

 

Después de una temporada alejado de la escritura regreso con aires renovados. La verdad que el año 2016 fue complicado. La capitalidad europea de la cultura nos exigió un esfuerzo extra. La fundación DSS2016 llegó un momento que cogió velocidad, metieron la quinta y comenzó una recta final que nos obligó a coordinarnos más, a hablar más, a pensar más y a trabajar contra el reloj. Un reloj que nunca había parado y que seguía su curso implacablemente. En 2016 teatralmente se hicieron cosas específicas muy interesantes como ya he comentado en más de una ocasión, incluso en esta misma sección. Pero el Teatro Victoria Eugenia, como eje vertebrador de lo escénico en Donostia tuvo que afrontar, lógicamente, sus propios retos. Había que buscar la excepcionalidad y presentar una programación contemporánea, sorprendente, comprometida con la sociedad, en síntonía con el proyecto de la capitalidad y sostenible. Trabajamos duro y lo hicimos. Acaso con la pena de no obtener la respuesta esperada en todos los casos. Pero sí a la altura de las circunstancias presentando espectáculos que suscitaron debate y reflexión bajo el lema ‘¿Para que sirve el teatro?’ en teatro y ‘Encuentro entre diferentes’ en danza. Los leit motiv elegidos, por sí mismos, mostraban la intención y el sentido de la programación. En fin, terminamos el año como pudimos… cansados, satisfechos al mismo tiempo, vacíos... Nos prometíamos un 2017 más tranquilo.

¡Que poco duró la ilusión! Realmente el 2017 no está siendo complicado por nada en especial o por algo concreto. Son un cúmulo de cosas que lo han convertido en un año farragoso: acaso el cansancio acumulado, acaso la valoración de puestos de trabajo, siempre complicada, que afrontó la entidad, acaso la acumulación de proyectos e ideas a desarrollar, articular y poner en marcha, acaso la lentitud de los procesos, o acaso el volumen de trabajo que se genera en un teatro. No lo sé. Lo que sé, es que nos prometíamos un año más sereno, entre comillas, si se puede hablar de serenidad con una intervención que dura exactamente los doce meses del año siendo la época estival la más intensa de todas con unas 90 funciones de teatro en dos meses y medio. Con una feria de teatro en marzo, premios, galas, cursos, actividades paralelas. ¿Para qué aburrir? La ilusión de la ‘serenidad’, de la ‘normalidad’ no duró nada. Y me retiré a los “cuarteles de invierno” a recuperar la energía suficiente, por lo menos, hasta el verano. Estamos tomando contacto después de las vacaciones…entre medio hemos estado en festivales, hemos visto espectáculos, nos han contado proyectos y hemos vivido circunstancias que iremos desgranando poco a poco cada semana. Habrá tiempo. Siento la ausencia. Bienvenida sea la calma chica que anuncia la tempestad. Regreso. En realidad, nunca me fui.

 

 

 

 

 

 

 

 

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