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Vie, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

En mi país, la modalidad humorística del Stand Up comedy, está viviendo un importante momento de más masificación. Basta con alguien que se atreva a tomar el micrófono y se ponga a hablar sobre un escenario.

Los antiguos espectáculos de humor donde los chistes ridiculizando situaciones, muchas veces improbables, están siendo reemplazados por rutinas donde se habla de las verdades del diario vivir.

Peo no basta solo con hablar, de manera previa, se debe hacer un análisis inteligente de la cotidianeidad que es la columna vertebral de la presentación.

Salvo a algunos presuntuosos hedonistas quienes ocupan gran parte de su vida mirándose en el espejo para de diluir la falta de seguridad en sí mismos, a muchos no les gusta descubrir las imperfecciones de su anatomía.

El Stand Up inteligente no solo hace que veamos nuestros propios defectos como sociedad sino que en un acto prácticamente de exorcismo, permitirnos gritarlo a los cuatro vientos a través de la voz del humorista que se ha dado el trabajo de transformar en graciosas las más terribles situaciones sociales.

La fórmula ganadora no parece ser tan misteriosa; primero reírse de uno mismo, cuando se ha logrado un nivel de empatía suficiente, reírse con el público de situaciones comunes y gracias a la complicidad obtenida, incluso podríamos llegar a reírnos del público, por supuesto teniendo especial cuidado de no herir a nadie y considerando que nosotros mismos no somos tan diferentes de quien nos escucha.

El humor tiene reglas generales bastante estudiadas y disectadas que deben ser adaptadas a la idiosincrasia de quienes conformen un público específico.

Sobre todo en esta disciplina, los chistes que no son más que poner en evidencia situaciones reales bajo el prisma del humor, mientras más atingentes sean a la audiencia, tendremos mayor probabilidad de éxito. Edad, nivel educacional, sexo, profesión,... mientras más conozcamos a nuestro público, más podremos desarrollar una rutina acorde a las vivencias del mismo y por lo tanto, al verse reflejados, asentirán con la cabeza y su aprobación se manifestará con una carcajadas de aprobación. Mientras más aumento tenga este espejo del humor, mayor será la respuesta.

El análisis previo a la elaboración de los chistes es fundamental para armar una rutina ganadora. Partiendo de algo completamente serio e incluso trágico, utilizando las clásicas herramientas del humor, podremos hacer un pseudo manifiesto social que después de la carcajada nos permita a todos reflexionar e incluso replantear nuestra posición ante una situación que considerábamos de importancia menor.

Hay quienes trabajan solos y otros necesitan la retroalimentación de un grupo de trabajo.

Sea cual sea la modalidad elegida, para llegar a una rutina, el método de elaboración y replanteo se debe utilizar hasta pulir en detalle el parlamento.

Sostengamos con firmeza y seriedad el espejo para que todos podamos vernos reflejados y con una risa inteligente seamos capaces de transformaciones provechosas.