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Dom, Ago

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Se está escuchando cada vez más sobre los espectaculares avances en realidad virtual, RV, verdaderos saltos cuánticos capaces de transportarnos a otras formas de vivir las sensaciones que definen nuestro entorno y nuestra posición en el.

La serpiente del paraíso tecnológico seduce a los futuros desterrados con logros dignos de ciencia ficción a través de dispositivos e interfaces que algunos ilusos piensan, pueden ayudar a superar la experiencia vivencial, quizás hasta incluso reemplazarla.

Neo, el héroe de Matrix, estaría horrorizado conversando con Julio Verne, explicándole que sus locuras fueron realidad hace muchos años atrás.

¿En vez de potenciar lo irreal como un placebo de vida gastando miles de horas hombre y recursos capaces de solucionar varios de los actuales problemas de la humanidad, por qué no mejorar la vida real, esa del día a día?

Parece ser infinitamente más fácil el tratar con máquinas que con personas.

¿Parece?

Definitivamente lo es.

Una máquina, hasta ahora, no discute ni se comporta de forma ilógica o contradictoria. No es temperamental, antojadiza ni mucho menos hormonal.

Reacciona de forma lógica en base a las variables de comportamiento programadas.

Pareciera ser la panacea.

¿Y cuando ya no se puedan apagar las máquinas, qué?

Algún día podrían fallar sin dejar de funcionar.

Los teléfonos inteligentes inductores de estúpidos comportamientos humanos, ya están demostrando con creces su capacidad de hacernos dependientes e incluso sus esclavos.

¿Quién no se ha devuelto a casa por haber olvidado el teléfono?

En mi país, chile, con una población de 17,5 millones de habitantes, ya teníamos 24,1 millones de teléfonos móviles en servicio el año 2015, un promedio de 1,38 por habitante. Considerando que los bebes y los niños pequeños aún no saben utilizarlos, debe haber demasiados tecno adictos a quienes les faltan bolsillos para guardar teléfonos.

No será mejor invertir energía y recursos en mejorar la vivencia de la realidad real.

No existe ninguna posibilidad de hacerlo frente a un teclado creyendo conocer el mundo y sus culturas a través de páginas web.

Para realmente conocer o vivir, los 5 sentidos deben estar comprometidos y como he dicho antes, el sentimiento basado en experiencias anteriores, también.

Por más sensores y dispositivos de estipulación se desarrollen, nada podrá reemplazar la temperatura de un abrazo, la inquietud de una mirada, el sonido de un jadeo, el aroma de un sudor o el sabor de un beso.

Humano frente a humano siempre tendrá la posibilidad de variables improbables a diferencia de una máquina con programación rígida a seguir.

¿Cuantos descubrimientos impulsores de desarrollo no se han logrado por error?

Las maquinas repiten hasta el infinito sin equivocarse, sin protestar, sin formar sindicatos, sin preguntarse sobre los misterios del universo.

El arte y sobre todo las artes escénicas parecen ser nuestra primera línea de defensa contra el embrujo tecnológico de la RV al ser una forma de retornar el contacto vivencial entre seres humanos de carne y hueso y no una combinatoria de hardware y software.