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Mié, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

La vida de los salmones tiene aspecto de fábula. Lo habrán visto en algún documental de televisión. Nacen donde nacen los ríos, se dejan caer corriente abajo para poblar algún lago o mar y después, cuando la vida ordena el toque de queda, se retiran y retornan a su lugar de origen para desovar y perpetuar la especie. Esta última etapa adquiere tintes heroicos. Primero tienen que encontrar el camino de vuelta a casa, lo cual requiere de un instinto tan sensible como misterioso, pues generalmente viven a cientos de kilómetros de distancia de su origen; y una vez alcanzado su río natal, deben nadar contracorriente (el único enrevesado pez que lo hace) hasta alcanzar el yacimiento de sus aguas, donde pondrán los huevos en lugar seguro. En este último tramo, el más épico de todos, les espera su mayor enemigo: el oso. Este animalote, que tiene una astucia de la dimensión de su cuerpo, espera paciente en la cascadas, allí donde los salmones, en alarde suicida, deben saltar para continuar su periplo contra la corriente. En ese momento los osos aprovechan para pescar en pleno vuelo al despistado salmón que salta en su dirección. La escena produce tal empatía hacia los salmones que, cuando uno la ve en la tele, no es inusual sorprenderse tratando de animar a estos pececillos escaladores con la vehemencia con la que se anima a los ciclistas del Tour de Francia en el Tourmalet. Pasada la aduana de las fieras, sólo aquellos salmones que no la cascan en la cascada y que consiguen depositar los huevos en la cima del río, pueden asegurar su descendencia. Poco después el pez muere en la paz que le confiere saber que su linaje continuará al menos una generación más.

Para quienes hacen teatro es fácil identificarse con este pequeño David de los ríos: nadar contracorriente, esquivando el zarpazo del Goliat de turno, para alcanzar un objetivo que se estima profundo y verdadero es una fábula muy real en el, a veces, no tan fabuloso mundo de las Artes Escénicas.

Pienso en los grupos de teatro, profesionales o no, que mantienen vivo el espíritu colectivo por encima del lucrativo; en las revistas de teatro que tienen que renovar esfuerzos e ideas para no tener que tirar la toalla después de cada tirada; en los programadores que arriesgan por la innovación y la calidad por encima de la comercialidad; en asociaciones culturales que promueven actividades artísticas fomentando la educación y la cohesión social; en actores que mantienen la dignidad de su oficio en trabajos que no la tienen; en editores que continúan publicando libros a pesar de saberlo deficitario; en escuelas de teatro no oficiales que luchan por ofrecer una educación de la calidad de una oficial; en dramaturgos que persisten en la escritura cuando sus obras difícilmente encontrarán escenario... Todos ellos me parecen salmones empeñados en ir a la contra por un río donde abundan los osos del cansancio, de la falta de presupuesto y de la falta de complicidad del entorno. Han escogido un ciclo vital en el que lo más fácil es quedarse a medio camino.

En estos casos se podría apelar al romanticismo de la fábula del salmón y aceptar, incluso con cierto orgullo, que uno nació precisamente para ir contracorriente. Me consta que alguna religión ha utilizado esta metáfora del salmón para inyectar algo de fe entre sus fieles más infieles, aunque sin mucho éxito. Es lo que a veces sucede cuando se quiere extraer un aprendizaje de una metáfora, palabra que literalmente quiere decir “trasladar más allá”: en ocasiones la metáfora lleva su significado tan allá que acá no resulta nada útil. De ahí que en este relato del salmón tal vez lo más válido sea aplicar una perspectiva biológica más que poética. Observamos entonces que los salmones, que nada saben de retórica, tienen una estrategia de supervivencia clara. Para aumentar las probabilidades de subsistencia en este periplo viajan siempre en bandada. De esta manera, unos a otros se trasmiten los peligros de la ruta y cuando llegan a la cascada de los osos, aprovechan para saltar en comandita y despistar así al enemigo. El oso puede apuntar con sencillez a un solo salmón, pero cuando le vienen cientos, su instinto duda y éstos se escurren entre sus garras con mayor facilidad.

Tal vez el secreto, cuando se navega hacia aguas de las que el resto se aleja, no sea nadar contracorriente sin más, de forma ilusoria y utópica, sino establecer colaboraciones para que la ruta tenga mayores probabilidades de éxito. No hablamos de instaurar un compadreo superficial, ni de buscar un consuelo recíproco por compartir una misma sensación de desdicha. Hablamos de buscar puntos de colaboración eficaces entre aquellas propuestas en apariencia más débiles y marginales, establecer sinergias para que las opciones minoritarias lo sean cada vez menos, comprender que, a veces, caminar en grupo es la única manera de llegar lejos. Es tratar de pensar en grande sabiéndose pequeño. Es afilar el instinto colectivo para perpetuar otro teatro en estos tiempos depredadores.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
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Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
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Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€