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08
Dom, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Quizás se esté pasando por unos de esos momentos históricos en donde la paradoja parece una categoría. En estos tiempos de incertidumbre, de falta de expectativas, se puede asegurar sin apenas espacio para un error menor que se escribe teatro. Hay varias generaciones de dramaturgos y dramaturgas que van proporcionando desde diferentes textualidades, puntos de vista, pericias, estilos, escuelas o impulsos textos, pre-textos, propuestas dramáticas.

La Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos de Alicante que acaba de finalizar su vigésima edición nos da la plataforma estadística, la manera de visualizar cada año a una veintena de estos autores. Es en esta concentración –la única expresamente dedicada a la dramaturgia española– donde se pueden formalizar conceptos, intuir tendencias, comprobar el pulso coyuntural de cada año, quinquenio o década, incluso la evolución de autores, el descubrimiento de los llamados emergentes, y un largo etcétera que deberían ser el fundamento de estudios, compilaciones, análisis y de paso, ayudara a tomar las medidas oportunas para incentivar estas dramaturgias, preservarlas, protegerlas o implementarlas, asunto que dadas las circunstancias actuales puede quedar en el baúl de los deseos insatisfechos.

Constatamos, no solamente por la cita alicantina, sino por la cartelera abierta especialmente en las salas independientes, y muy especialmente por nuestro paso por los jurados de premios o desde nuestra labor editorial, ese momento en el que cuantitativamente existe variedad, experimentación y conservadurismo a partes iguales. Quizás, y lo digo con mucha prevención, es más complejo entender los "temas", los asuntos de los que se ocupan los autores. Hasta en sus formas, podemos detectar seguimientos de modas, tanto propias, es decir siguiendo a autores o autoras con significados éxitos, o con la aproximación mimética a autores de otras dramaturgias que han alcanzado notoriedad universal. En este sentido, nada nuevo, así ha sido siempre.

Escuelas superiores, talleres de escritura, cursos y cursillos son los lugares donde adquieren nociones técnicas la inmensa mayoría de estos nuevos autores, pero la palabra que más se escucha es la de autodidacta, la de formarse a base de leer, de ver teatro. Y si se me permite, con las voces propias de unos cuantos que seguramente tendrán un desarrollo de su personalidad, en muchas ocasiones, ese autodidactismo se convierte en estructuras televisivas, o en sucedáneos de discursos fragmentarios y experimentaciones más profundas tomadas muy superficialmente.

En Alicante, insisto, se puede hacer una idea básica anual, pero quisiera destacar un fenómeno que sucede en la Muestra alicantina de una manera sistemática. La traducción libre. La constatación de una serie de traductores y traductoras que vierten a sus idiomas de origen, griego, italiano, francés, inglés, obras de estos autores más nuevos y que logran en algunos puntos, especialmente en Grecia, tener una presencia en las salas y carteleras de manera constante. Autores que el sistema de producción y exhibición español mantiene en lo periferia o el olvido, alcanzan notoriedad fuera. Y aquí se abre otras líneas de análisis sobre estas circunstancias.

Pero por la parte de editor que me corresponde, esta existencia de traductores libres en el sentido de que traducen no por encargo editorial, sino al contrario, que son ellos quienes una vez realizada su traducción buscan editores o incluso productores, es una manera más pasional, más cercana, más caliente de conocer autores contemporáneos fuera del sistema productivo convencional. Se escribe teatro, se edita teatro, se lee teatro y se representa teatro. Hace falta que además, se vea teatro, se ayude al teatro, se tomen en serio las autoridades el teatro, como parte esencial de la Cultura y no como un entretenimiento. Sea.