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07
Vie, Ago

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

No sé si Charles Darwin, quien comenzó su travesía en 1831 a bordo del barco Beagle, tuvo que lidiar con algún virus, pero lo que sí sé, en primer lugar, basado en su teoría de la evolución de las especies, es que los futuros sobrevivientes al bichito que anda dando vueltas por el orbe, serán sólo los más fuertes. Y lo segundo que tengo claro basado en los hechos del día a día, es que la fuerza, desde hace muchísimo tiempo dejó de radicarse en los músculos, para estar ahora en las billeteras del poder económico. Hoy los músculos incluso se pueden comprar o al menos arrendar por un precio pactado.

 

Por todos los medios de comunicación posibles, los gobiernos nos indican: sé responsable, quédate en casa.

Eso hago, yo que tengo relativo confort, agua potable, electricidad, internet, netflix, pero, ¿y la gran mayoría invisibilizada de mi país? ¿En qué casa?

Lamentablemente, en este pedazo de tierra largo y delgado, el último territorio habitado antes de que el mundo tal y como lo conocemos llegue al polo sur, existen demasiadas familias sin una casa razonable. Paredes de cartón con techo de plástico puede ser, pero no una casa como tal y de hogar, ni hablar.

En mi país, el con ínfulas de desarrollado, tildado de "en vías de desarrollo" y realmente subdesarrollado, el hogar de gatitos con ínfulas de jaguares aspiracionales, eufemísticamente llamamos a los conjuntos de casas hechas con materiales precarios como cartón y plástico, campamentos.

¿Campamentos?

Qué alejado de la imagen bucólica de una carpa solitaria montada cerca de un río es la precaria realidad de los "sin una vivienda digna".

Inmediatamente relaciono ese habitar en lo desechable, con alguna protesta vista por televisión de los sin casa Parisinos. El año 2007, más de 300 carpas color burdeos se instalaron a orillas del canal Saint Martin. Se notaban carpas nuevas, de muy buena calidad y por supuesto con electricidad. Nada de cartón o plástico reciclado. Qué realidades tan diferentes.

Siempre he dicho que la vida es una carrera en que todos participamos por llegar a la meta del bienestar deseado. Lo desigual es que algunos comenzaron a correr con ventaja mientras para otros el correr es imposible y con suerte sólo se pueden arrastrar.

Para apaciguar mi inquietud social, algunas veces me ha tocado participar en operaciones invierno, donde el objetivo es reparar y/o cambiar techumbres a viviendas precarias, con el fin de evitar goteras. Independiente de si el jefe de hogar era hombre o mujer, algunos ayudaban mientras otros sólo se dejaban ayudar sin hacer ni el más mínimo esfuerzo. La fuerza no estaba ni en los músculos, ni en las billeteras, sino en una actitud frente a la vida. Una capacidad sorprendente de lidiar contra la selección natural. No tengo ni la menor duda de que aquellos que se dejaban ayudar, nunca podrán salir de su pobre condición, mientras que aquellos que participaban activamente en la reparación de lo que consideraban su casa, tienen mejores oportunidades de superación. Nada lo asegura, pero las posibilidades son mayores.

A pesar de la estupidez humana, la selección natural siempre se ha impuesto y lo seguirá haciendo.