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Dom, Abr

Imagina un bosque natural

Cuentan que, durante algún periodo de la historia de España, una ardilla podía cruzar la Península Ibérica de un extremo al otro sin tocar el suelo. Hoy, en el siglo XXI, esa hazaña resulta no solo imposible, sino que estamos camino de la desertización. Es decir, a pesar de las leyes de protección y de repoblaciones periódicas tanto de bosques como de prados, el suelo de la piel de toro está en evidente degradación.

 

La compañía portuguesa Ajdanka/Chapitô ha presentado en el Teatro Juan Bravo de Segovia el espectáculo de teatro infantil, “Semente, el hombre que plantaba árboles”. Basado en un cuento del francés Jean Giono, la obra aborda la ecología de los bosques desde la perspectiva conservacionista y humana, no ausente de crítica y de compromiso social.

El texto describe la vida de un pastor que habita en un lugar lejano y solitario junto a un rebaño de ovejas; ha perdido el hábito del lenguaje hablado y se expresa por medio de gestos; sabe que el espacio que ocupa no le pertenece –quizá sea un lugar comunitario–, pero él se siente de la tierra: metáfora de hábitat de la Naturaleza; recibe la visita de una enigmática mujer que le ayuda a plantar árboles, pero cuando ha conseguido un bosque considerable, las autoridades intervienen para inaugurar y adueñarse de un monte que tuvieron olvidado; hacen leyes que protejan a los árboles, incluso recibe la visita de un guarda forestal para indicarle las normas de uso del bosque; no obstante, las misma autoridades talan una y otra vez los árboles para usarlos en las Grandes Guerras; y vuelta a plantar árboles hasta conseguir la autorregulación. La obra muestra el conflicto del hombre que interviene sobre el bosque natural.

La puesta en escena se apoya en la narración de una estupenda y versátil actriz que adopta diversos roles: mujer que descubre el monte, pastor con el que dialoga, autoridad política, guarda forestal y, por supuesto, narradora y técnica de sonido en un juego metateatral. Por cierto, hay que destacar que Nuria Cuadrado no utiliza micrófono, medio que se ha extendido entre los profesionales que se dicen “importantes”. La interpretación de Nuria sin amplificadores, sabiendo proyectar la voz es de agradecer.

Por lo demás, el juego escénico –aparte de la narración– consiste en utilizar elementos comunes como un sombrero, cencerros, barras metálicas verticales, guantes de látex, entre otros objetos, para simbolizar al pastor, a las ovejas, a los árboles que crecen y se talan… Es decir, crea un universo de lo cotidiano para lanzar la imaginación del espectador.

En definitiva, el trabajo, además del juego visual y poético, lleva a la reflexión ecológica fundamentada en la acción del ser humano sobre la Naturaleza tanto en el aspecto negativo, especulativo y destructivo, como en el aspecto positivo de regeneración natural.

En este sentido, el bosque se muestra como un ser vivo en sí mismo que no solo da cobijo a animales visibles y útiles en el aspecto económico, sino que acoge y se relaciona con otros seres, a veces invisibles, como las abejas que polinizan las plantas creando vida y biodiversidad.

Por supuesto, todas estas reflexiones críticas quizá no las puedan deducir los pequeños espectadores por sí solos, pero de algún modo constituyen la semilla ética y filosófica que los adultos acompañantes sabrán inducir, al fin y al cabo “Semente, el hombre que plantaba árboles” es un espectáculo –buen espectáculo– familiar.

Manuel Sesma Sanz

Espectáculo: Semente, el hombre que plantaba árboles. Dramaturgia: José Carlos García, adaptado de un texto de Jean Giono. Intérprete: Nuria Cuadrado. Diseño de iluminación: Bruno Esteves. Dirección: José Carlos García. Compañía: Ajdanha y Chapitô. Teatro Juan Bravo de Segovia, 7 de marzo.