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Vie, Abr

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

En estos tiempos de velocidades supra humanas, nos hemos acostumbrado a que cualquier iniciativa necesariamente debe dar resultados inmediatos o de lo contrario terminamos sentados en la consulta de algún psiquiatra especialista en el tratamiento de las frustraciones. Así como existen intolerantes al gluten o a la lactosa, la humanidad evidencia una marcada tendencia de intolerancia a la espera paciente.

 

Nunca se me ha hecho tan evidente eso de que solo se cosecha lo que se ha sembrado, teniendo en cuenta eso sí, de que la semilla humana toma largo tiempo en brotar para dar sus frutos. Tanto las semillas de malas hierbas, como las de alimentos beneficiosos necesitan un tiempo para desarrollarse.

A todos nos ha pasado eso de encontrarnos con alguien a quien habíamos olvidado, o incluso ni siquiera conocimos realmente, y nos lleva a una situación de nuestro pasado que por alguna razón hizo que nos fijáramos en su memoria.

No existe nada más gratificante para un ser humano, que el recibir el reconocimiento de un igual agradeciéndole el cómo de alguna manera una palabra, un gesto o una acción, lo hizo meditar respecto a una decisión importante y gracias al enfoque diferente aportado por nosotros, tomó la decisión correcta que lo hizo llegar al nivel de satisfacción en el cual se encuentra.

Escasos segundos pueden cambiar toda una vida.

La semilla se planta en un breve lapso de tiempo, y sus efectos, su fruto, puede darse muchos años después. Incluso, el aspecto de la mayoría de las semillas es el de algo muerto, pero bien sabemos cómo pueden brotar con fuerza si se les da el cuidado necesario, y por sobre todo, el tiempo necesario.

Sin pretender ser un monje de reclusión para quien el tiempo pareciera haberse detenido, nada hecho de prisa es perecedero, por lo que nuestra posición ante la vida, siempre debería ser reflexiva y basada en valores positivos. Es difícil y en el límite de lo imposible, pero siempre se puede tratar.

A nadie le gusta demasiado recibir consejos, pero con el tiempo, por lo general demasiado, aprendemos el valor de como la experiencia de otros nos puede servir para desarrollar nuestros talentos tratando de llevar una vida plena.

El mejor ejemplo de lo que digo, son nuestros hijos, quienes se forman al alero no solo de nuestras palabras, sino fundamentalmente al de nuestras acciones.

Lo más probable es que el hijo de un delincuente repita el modelo, transformándose el mismo en uno. Por otro lado, si obramos bien y en consecuencia con valores positivos, nada nos asegura que nuestros hijos también lo hagan, pero al menos podremos estar tranquilos de que hicimos nuestro mejor esfuerzo e idealmente la cosecha será fructífera.

Entre humanos muchas veces no podemos elegir las semillas, pero si, como y donde plantarlas, darle los cuidados necesarios y esperar, esperar un tiempo indeterminado, pero indispensable, para ver como nuestras acciones pueden ayudar a obtener una buena cosecha.

Por supuesto, siempre podremos comer tomates, incluso durante el invierno, pero es indudable que aquellos cosechados en verano, son de mejor sabor.

Démosle tiempo a la semilla humana como para que brote con todo su potencial.