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Mar, Nov

Sangrado semanal | Juana Lor

Ayer creí comprender algo más de que va eso del arte.

Fue presenciando un abrazo. Un abrazo profundo entre dos seres humanos. Uno de los cuerpos contenía amorosamente al otro. Lo sujetaba con una firmeza absolutamente delicada y dedicada, mientras el otro organismo, más pequeño y frágil, pulsaba con el ritmo propio que deja tras de sí el llanto profundo y liberador.

Aquellos dos cuerpos entrelazados a media altura, uno dando soporte, el otro recostado contra él, eran humanidad pura. En ese momento, no importaban los nombres, ni la edad, tampoco el sexo, el carácter o la historia personal. Y era conmovedor. Dos esencias vitales contenidas en una estructura de hueso, tejido, músculo y piel, enlazadas, conectadas, relacionadas. Una sosteniendo a la otra, la otra sostenida por la una.

Y pensé en La Piedad. La Piedad de Miguel Ángel. La asociación fue como un fogonazo, un colpo di fulmine que dicen los italianos. Y comprendí, un poco más, cuál podría ser la tarea del arte: señalar la humanidad profunda que anida en cada uno de nosotros. Recordarnos aquello que somos, tras capas y capas de soberbia, maquillaje, mala hostia, miedo o inseguridad.

Existe una verdad profunda que todo cuerpo busca: sentirnos conectados con nosotros mismos en lo más profundo de nuestro ser. Ese lugar es un remanso de calma y alegría vital. Desde allí se puede ver con claridad. La transparencia y solidez que adquiere entonces la mirada de quien habita ese lugar profundo del ser se transmite con una facilidad pasmosa a otros seres humanos. Nosotros no tenemos que hacer nada. Una vez despierta, es esa humanidad profunda quien que se encarga de contactar con la humanidad profunda de quien tenemos enfrente.

Los hombres y mujeres de teatro trabajamos con la carne. Nuestro material artístico son el cuerpo, la palabra y el presente. El cuerpo del actor es el instrumento vivo con el que interpretar la melodía vital esencial que pone a vibrar la fibra de todo ser humano. Sin intermediaciones. Estamos al servicio del arte. Y el arte está al servicio de la humanidad.