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Lun, Nov

Repaso shakespeariano
Obra: Shakespeare’s Villains
Autor, director e intérprete: Steven Berkoff
Claustro de San Pedro – 29-07-07 – Festival de Teatro Clásico de Olite
Algunos de los personajes más taimados, más aborrecibles, de la amplia obra William Shakespeare, traídos a una convocatoria pública por un gran actor, un excelente director, y un magnífico dramaturgo: Esteven Berkoff. Villanos explícitos, villanos ocultos, villanos voluntariosos. Yago, Ricardo III, Coriolano o Hamlet, llegan a este oratorio de hombres crueles de la mano de un bufón. Llegan a una convocatoria divertida, no para resaltar sus maldades, sino, precisamente, para que nos demos cuenta de que todos esos villanos son humanos, como nosotros, y que sus acciones violentas, sus ambiciones, sus ansias de poder, responden a diferentes procesos sicológicos, a una suerte de maldad genética, o simplemente a un placer por ver sufrir a los demás. Incluso a quienes hacen sufrir y matan, casi sin pretenderlo, como es el caso de Hamlet, el personaje que puede provocar mayor sorpresa al ser colocado en esta galería del horror y la crueldad.
Si queda claro que los pasajes de los textos shakespearianos utilizados retratan de manera eficaz a los personajes, a sus momentos donde expresan de manera más obvia su capacidad para proferir el mal a los demás, lo más importante es la hilazón, el texto que une cada uno de los personajes, el discurso que se va tejiendo paralelamente al muestrario de esos monstruos, un acercamiento a la realidad actual, al momento actual, un suerte de bufonada de mayor calado por su forma nítida, comunicativa, buscando al complicidad a través de unas grandes dosis de humor. Y es que los villanos se convierten en manos de Berkoff en caricaturas del mal, es decir, en auténticos peligros públicos.
Lo importante es la forma en la que nos aproxima a cada obra, a cada personaje, es su dicción, su mímica, su capacidad de transformación, el saber conjugar la dureza de los textos, con una suerte de farsa, de esperpento que hace que resalte por un lado el propio texto y por el otro se agrade con la interpretación, con esa presencia escénica realmente fascinante. Y de nuevo se nos repite una lección ya conocida, para ver gran teatro se necesita un buen texto, inteligente, bien armonizado, con una dramaturgia clara y eficiente, y un actor con capacidad para llevar ese texto a una carnalidad real, escénica que le confiera grandeza. Y nada más, un espacio inmaculado y una iluminación que acota en algunos pasajes ese mismo espacio y resalta la concisión. Eso es lo que ofrece Berkoff, y nos provoca el placer de disfrutar del gran teatro, con villanos o con arcángeles.
Carlos GIL