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Sáb, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

No me gusta crear nuevas mitologías ni ampliar las leyendas, pero recién llegado del FIT de Cádiz, vuelvo a renovar la esperanza en una comunidad teatral iberoamericana que va creciendo en sus calidades y en sus perspectivas. Y lo hago con plena consciencia de que mirando, como he podido mirar, a Europa, la Vieja Europa de estructuras culturales y teatrales sólidas desde siglos, donde encuentro pistas de las tendencias actuales de las artes escénicas, donde se concentran los creadores que más influyen en la renovación, cuando visitar los espacios teatrales, en Wroclaw, por poner un ejemplo, uno constata que están pensados para otra relación espacial con los públicos, donde la investigación no es una simple etiqueta de mercadotecnia, sino una forma constante de hacer y en donde el presente se proyecta sobre el futuro sin demasiadas incertidumbres más allá de los vértigos del riesgo estético.

Pues bien, precisamente desde esta certificación de los diferentes mundos teatrales existentes, digo que Iberoamérica tiene futuro y deben ser admitidas sus creaciones en las estructuras productivas y de exhibición españolas sin complejos y sin paternalismos. Hay que quitarse los tics neocolonialistas, considerar que hay capitales teatrales como Buenos Aires, Ciudad de México, Bogotá o Santiago de Chile en donde hay cantidad y calidad, donde surgen dramaturgos, directores y actores de primer orden internacional y, atención mercachifles, no solamente en el territorio del teatro mercantil y de consumo rápido. Quiero decir, que existen opciones mucho más novedosas, en línea con las corrientes escénicas más actuales que los de siempre, los que han fagotizado los productores oportunistas y los teatros españoles entregados a la rutina.

Este año el FIT de Cádiz ha servido para recordarnos esa cara del teatro iberoamericano. Parecería que intento decir que ha sido excepcional, y nada más lejos de la verdad, es una constante de este festival, pero hablo del recién terminado porque me ha parecido que pese a todos los recortes presupuestarios, la programación ha sido acertada y ha funcionado. No quisiera hacer una crónica , sino señalar algunos de los puntos destacables: Fernando Rubio ha presentado "Todo lo que está a mi lado", un curioso espectáculo que había ofrecido en medio mundo. Siete camas, siete actrices, la misma historia, quince minutos de sensaciones. Algo fuera del circuito comercial, algo que, por lógica, nuestro sistema de exhibición no admite, y los festivales de franquicia, que en general forman parte del mismo pensamiento único y comercial tampoco suelen asumir.

El autor uruguayo Sergio Blanco, presentó su "La ira de Narciso", en estreno peninsular, un gran texto, una gran puesta del propio autor, una magnífica actuación de Gabriel Calderón. Llegó Mauricio Kartun con "Terrenal", una excelencia teatral, una delicadeza, una muestra de su gran maestría. En otra clave, "Todo Piola", magnífica pieza de teatro-danza. De teatro-físico, de nuevos lenguajes, algo auténticamente superior de un grupo argentino que toma el nombre de la propia obra. Impresionante

No podemos olvidarnos de otro tipo de propuestas, las de compromiso político, con La candelaria y su "Camilo", glosando al cura que dejó los hábitos por la acción y claramente reivindicando los acuerdos de paz en Colombia o las "Antígonas. Tribunal de Mujeres" de los colombianos de Tramaluna Teatro , testimonios de víctimas de la guerra sucia del ejército colombiano que hemos tenido la ocasión de ver en el festival MITIN de Sevilla que organiza el TNT y "Made in Salvador... Y de bordar y bordar se nos fue la vida", de Teatro del Azoro de El Salvador un país teatralmente casi desconocido, que nos cuenta una historia de mujeres trabajadoras, invisibles, pero fundamentales para al economía de muchas familias y muchas regiones salvadoreñas.

Lo lamentable es que estas obras y otras, de un interés teatral superior a la media de las ofertas españolas que ocupan los escenarios de todas las redes, es ignorado de manera sangrante por los programadores. Algo que no tiene sentido ni práctico, ni cultural, ni teatral, ni político ni económico. Forma arte de una situación general de falta de ideario, de complicidades inconfesables con la oligarquía teatral campante y desculturalizada que consiente todo el entramado político cultural de manera vergonzante.

Por eso decía en el titular que siempre nos quedará Cádiz, su FIT, para poder acercar a quién lo desee algo de lo bueno, que es mucho más que lo que puede amparar un festival anual, en Iberoamérica, y eso, que para señalar una realidad reiterada, vemos poco teatro portugués y menos del brasileño, que es muy bueno, doy fe. Nosotros seguiremos mirando de igual a igual, con la misma admiración y complicidad. Y sabemos que Europa lleva otro ritmo, está en otra etapa, quizás sea el Primer Mundo Teatral. Es un tema a debatir, a estudiar, a analizar. Y lo intentaremos hacer.