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Dom, Abr

Y no es coña | Carlos Gil

De lunes a lunes, uno va a apuntando ideas, unas notas ininteligibles las más de las veces, líneas de desarrollo de estas homilías luneras, que cuando llega la hora de la verdad han sido superadas o se ha colocado otras de mayor importancia en esos momentos. Escribo este lunes, un poco tarde, porque es fiesta en Euskadi, donde reside esta aventura informativa y teatral, por lo que el Boletín de esta semana sale en martes, y con el bonito número de 999, que son las semanas en las que nos encontramos desde hace tantos años. Muchos años para considerarnos amigos.

 

Casi cada semana o mes, reniego de mis propias promesas y se me escapa algo similar a un obituario, porque llevamos unos meses tremendos, en donde por unas razones u otras van falleciendo grandes figuras del teatro universal, estatal o local, en ocasiones viejos amigos y hasta compañeros. Duele siempre escribir sobre alguien fallecido con el que llevamos demasiado tiempo sin charlar, coincidir, debatir, escribirse. Duele igual, aunque se haya hasta trabajado en proyectos conjuntos no hace tanto. Creo que no se ha inventado todavía una vacuna contra lo incomprensible. E incomprensible es que una persona dinámica, fanática del teatro, en un mes le diagnostiquen un cáncer, este sea de una estirpe muy agresiva y ya la estemos llorando, echando a faltar.

Me refiero, claro está, a Susana Herreras, que en todas las redes sociales ha recibido homenajes, muestras de cariño, recuerdos dulces, poéticos, todos ellos muy sentidos porque llevaba muchos años en la gestión institucional como programadora en Castilla y León, y una vez jubilada, siguió asistiendo a todas las ferias, festivales o estrenos que podía. Era una presencia constante, una energía contaminante, una voz que se escuchaba desde lejos porque su sordera le hacía hablar en alto. Recuerdo claramente que mi relación profesional interpuesta fue en el año 1993. Había producido para Teatro Gasteiz, una 'Pasionaria' con textos de Ignacio Amestoy y dirección de Salvador Távora, que la quiso llevar a sus redes y encontró muchas reticencias. Se podría decir sin temor a equivocarse que luchó contra esa censura invisible y nunca proclamada que existe en los despachos de gestión y programación que en ocasiones son más papistas que el papa al que sirven y que por miedo a represalias o por convencimiento ideológico no se complican la vida y por ello y algún detalle más que ahora no recuerdo, no se llevó a cabo ninguna representación en Castilla y León. 

Después coincidí a lo largo de los años en varios jurados, en muchas mesas de restaurantes en ferias y festivales, en muchos debates, llegando a entablar algo similar a lo que es una amistad profesional con un añadido que da el roce, el sufrir circunstancias en nuestros lugares de trabajo que por decisiones sectarias nos dejaban a los pies de los caballos, cosa que crea una cierta complicidad cuando se encuentra en la otra persona comprensión y apoyo. En las últimas semanas hablé directamente con ella varias veces. Ella, como Gran Mujer, expresaba con una lucidez asombrosa su situación clínica. La última vez, pedía simplemente no sufrir. Esperemos que no haya sufrido. Pero a los que quedamos aquí, esta rapidez, este cáncer fulminante que la invadió de manera asesina todo el cuerpo, nos hace colocarnos en dos tesituras. Mejor que sea rápido y que no sea una agonía larga. Incomprensible asimilar esta velocidad. Cuesta hablar en pasado de Susana.

Yo quisiera remarcar dos asuntos: era gestora y mujer. Fue de las pioneras. Construyó tejido sectorial en Castilla y León, se peleaba con los propios gestores de los teatros porque no se implicaban de manera más intensiva en las redes, en los programas de artes escénicas, en los festivales que servían para llevar teatro a localidades de poca población, pero también para darle un aire más contemporáneo a la oferta de los teatros de aquellas localidades con una demografía importante. Esa es una labor que ella emprendió, que después pasaron muchas cosas, la intervención política en la Consejería de Cultura del Gobierno de esta Comunidad ha sido una constante maliciosa. Ella pasó defenestraciones, alejamientos de su labor con carácter de censor muy poco justificables. Superó todos los traumas y se hizo con una voz basada en la experiencia y la coherencia que se debe homenajear. No se hace la historia con leyes y decretos solamente, sino con personas que las lleven a cabo desde una mirada global, a favor de quien programa y, sobre todo, de los programados y pensando en los públicos. Intentando ayudar a que las compañías de su territorio avanzaran. Este es para mí el mejor legado de la funcionaria Susana Herreras. Por eso la he amado, pese a discutir en ocasiones de manera profunda, pero leal y respetuosa.

Hay algunas aristas de por medio en varias cuestiones, pero no es el momento de señalar. Me queda una cuestión muy agradable que recordar de ella como su fidelidad con los amigos que era remarcable. Y en los últimos años estaba ilusionada con algo tan importante para mí como es el que se puso a hacer teatro; ella de actriz, en esa maravilla que es el Teatro Calderón, un auténtico ejemplo de gestión en estos momentos. Ella, sobre el escenario. Un lujo a su alcance. No la vi. Y eso me duele un poco más.

Últimamente, como sucede con muchos de ustedes, mantenía conversaciones bilaterales por redes sociales. Sobre nombramientos, sobre espectáculos, sobre situaciones de la vida teatral. Hoy, como si fuese un rayo que no cesa, hemos conocido el nombramiento de la nueva dirección del FIT de Cádiz. Lo previsto. Lo que se intuía. Nos parece muy poco ejemplar, muy poco transparente, han elegido al dúo que se nombró de manera directa el año pasado y que demostraron tener una ignorancia absoluta del teatro que realmente existe en Iberoamérica. Me imagino, de verdad, la conversación con Susana tras esta grosería. La podría reproducir, porque me está sonando en la cabeza.

Sí, Susana Herreras era una Gran Mujer de Teatro y lo fue desde la gestión institucional. Que cunda el ejemplo. Abrazos solidarios a familiares, amigos y compinches. La echaremos a faltar cada vez que nos juntemos más de tres.

Susana, tú lo entendiste muy bien: la Vida es bella. Y el Teatro una manera de vivirla.