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Mié, Jun

Y no es coña | Carlos Gil

Siempre hay varias apreciaciones sobre toda obra de arte, especialmente sobre el teatro que es una expresión artística que llega directamente a los sentidos de los presentes, que tiene tantos mensajes, tantos lenguajes superpuestos, tantos niveles de comprensión y de codificación que hace a cada espectador un receptor único e indivisible. Siendo así, resulta que es también una comunión, que hay una confraternización, una manera de convertirnos en un concepto, el público, tan explotado por los teóricos de la industrialización y los evangelizadores de las doctrinas mercantiles.

Como es habitual en mi vida profesional ordinaria, en la semana pasada he visto diez espectáculos, en diversos teatros, de formatos y contextos muy diferentes. Reconociendo que los supuestos especialistas cuando estamos con dolor de muelas, un reuma sobrevenido o un disgusto empresarial o personal somos un problema físico en las salas de teatro al producir unas ondas expansivas de enfriamiento de las capacidades de recepción de lo que sucede en escena, uno puede reivindicar un cierto conocimiento de las tendencias actuales, de los lenguajes en boga, de las técnicas, de los rigores y hasta de los errores que son fruto de una indagación que conlleva un riesgo y no de una negligencia.

Me he educado en ello, me he formado con lentitud y en diversos frentes, tengo experiencia y quinquenios, por lo tanto puedo asegurar que nunca me coloco delante de los espectáculos con ánimo destructivo y, sobre todo, jamás me lo tomo de manera personal. Es un acto público, una representación, un ejercicio artístico y lo miro y, sobre todo, lo analizo de manera fría, sin más emociones que las que me ha podido provocar. Aplico mis conocimientos, mis capacidades y emito un juicio que en muchas ocasiones está muy tamizado, muy elaborado, fuera de cualquier espontaneidad amigable u ofensiva. Las palabras escritas lapidan.

Por lo tanto es habitual que me quede sorprendido por las reacciones de los públicos al finalizar las representaciones, especialmente si son estrenos. Esos bravos finales, esas muestras de alegría, de emoción, ese ponerse en pie de unos cuantos espectadores que acaban contagiando a los demás, esa multiplicidad de saludos, me dejan en ocasiones anonadado. Un paréntesis. La primera vez que fui al teatro en Brasil me quedé totalmente asustado porque de manera automática todo el público se puso en pie. Después comprobé que era una costumbre extendida. Me falta poder detectar cuando les gusta mucho una obra, porque siempre reaccionan de manera parecida.

Por eso cada vez me gusta más ir a ver las obras con público normal, no cuando la platea está llena de periodistas, programadores, amigos, conocidos y compañeros de serie de las actrices. En estas últimas circunstancias es cuando las energías chocan, los que lanzan envidias silenciosas y quienes abrazan incondicionalmente a lo que hacen sus amigos, novios o parientes. Yo he asistido esta semana a una función, por cierto donde estaba Ana Pastor, la presidenta del Congreso de los Diputados de manera discreta, es decir como espectadora normal, en donde la reacción de los muchísimos profesionales del ramo presentes en la sala me pareció un acto de voluntaria entrega, de papanatismo, de actitud folclórica, fuera de cualquier actitud crítica responsable. Yo diría, resumiendo y sin mojarme: no era para tanto.

Y así sucesivamente. Hay muchas teorías sobre el aplauso, sobre la actitud de los famosos en sus maneras de expresarse en las salas de teatro para que les vean, de esos ambientes forzados, excesivos que crean falsas expectativas. Tengo muchas horas en las salas de teatro y creo saber cuando las reacciones son espontáneas y cuando forman parte de un ritual, de un pacto, de una convención o de una campaña. Cuando los públicos de verdad actúan, aunque esté en desacuerdo con ellos, los acompaño, me hacen pensar en lo dicho anteriormente: cada uno espera del teatro una cosa diferente y cada obra transmite cosas comunes, pero con intensidades diferentes según el receptor. Recuerdo ahora mi época de claque en Barcelona, el aviso del jefe para que riésemos o aplaudiéramos. Una institución perdida. O con otro funcionamiento. ¿Reacciones espontáneas?

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€