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Dom, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

Hablo desde la distancia que me otorgan los quinquenios, el participar como organizador y jurado en decenas de convocatorias y el de mantener una hoja de servicios nítida, limpia, inmaculada sin ningún premio recibido de manera personal. Desde ahí voy a intentar mostrar mis sospechosas, mis aprecios, mis consideraciones. He participado de jurado en premios de textos dramáticos de toda índole, categoría y objetivos, de ensayo e investigación internacionales, de montajes tanto en su visionado directo o como para proyectos. También de los más renombrados, primero en un premio propio que se otorgaba directamente, el Max de la crítica y en alguna convocatoria de los últimos años como jurado expreso de los mismos en todas sus fases definitorias.

En todos los que he participado, sean institucionales (pocos), privados o confusos, he notado entre los patrocinadores u organizadores y los jurados una actitud totalmente limpia. No he recibido nunca recomendación, ni consigna. He podido manifestarme libremente. He discutido hasta la saciedad, me he enrocado, he pactado con otros miembros del jurado, pero al final, sea cuál sea el resultado, haya ganado o perdido, he defendido el fallo, porque creo que así se debe hacer. Lo he dicho muchas veces, lo repito. Mi máxima concesión es que ante un empate, ante posturas enconadas, sin que nadie queramos ceder, mi propuesta es consultar con los organizadores y decirles lo que sucede por si ellos tienen alguna opinión que nos ayude a desempatar. Y como uno está a favor de los premios, y como conozco muchos desde dentro, me dejo convencer rápidamente para que el texto ganador se ajuste mejor a los objetivos del premio. ¿Me he explicado bien?

A veces pienso que existen demasiados premios. A veces pienso que sin esos premios, la vida de la dramaturgia, por ejemplo, sería más pobre. A veces pienso que algunos premios se dan de manera poco rigurosa. A veces pienso que la composición de los jurados y de los textos, personas, trayectorias que se ponen a enjuiciar lleva a decisiones que desde fuera cuesta entender. A veces pienso que no estoy de acuerdo con los resultados de ciertos premios,. A veces me parece que son totalmente justos y los aplaudo.

En estos días he tenido la suerte y el honor de hacerle la introducción laudatoria al premio que la ASSITEJ ha otorgado a La Tartana por sus cuarenta años de existencia. Un acto íntimo, sentido, totalmente justo, porque hoy es un mérito mantenerse tantos años con una idea, con una estructura, con un proyecto que se va construyendo desde una historia propia con un compromiso estético, ético y político. Me gustó mucho estar al lado de Juan Muñoz. Y nos debemos una sentada más tranquila para seguir pensando sobre lo que es esto del teatro en todas sus formas.

El pasado sábado asistí a la gala de entrega de los premios de Escenamateur en su cuarta edición. La revista ARTEZ era candidata a uno, asunto que dado mi despiste no sabía. Perdimos, como debe ser, íbamos para hacer bulto. Pero además de reconocer la labor de esta asociación, del trabajo inconmensurable del teatro amateur al que tanto espacio damos en nuestros medios, me pareció una idea magnífica llamar a los premios Juan Mayorga. Sí, le dan el nombre a un dramaturgo y director vivo, yo diría que casi emergente en el sentido de estar en un momento espléndido de su vida creativa. Y eso, simplemente me conmueve. Porque me enseñó una vez hace muchos años Ricard Salvat, que los homenajes se deben hacer en vida, no en el obituario y por eso colaboré a hacer uno en el año 1977 en L'Hospitalet de Llobregat a Luis García Berlanga, un ser excepcional, un gran artista y que entonces todavía estaba por hacer algunas de sus mejores películas. Así que aplausos a todos los galardonados y a la organización por hacer una bella gala, sencilla, pero aplicada y por esta iniciativa.

Por último, el premio mejor dotado, el que organiza El Cultural, El Valle Inclán, a cuya gala de proclamación no asistí por primera vez este año debido a la coincidencia con la fiesta de la Librería Yorick el pasado lunes, se premió a Ernesto Caballero por La Laberinto mágico, uno de los mejores trabajos de Ernesto en los últimos años. Lo vi en el Teatro Valle Inclán y quedé absolutamente atrapado. Y además de este premio con tantos miles de euros, se debería volver a programar porque me temo pasó algo desapercibido este buen montaje. Estoy totalmente de acuerdo con el resultado del jurado.

A todos los galardonados, Felicidades. A quienes organizan premiso, Suerte. A los jurados, Justicia.