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Lun, Jun

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Las preguntas sin respuesta no son necesariamente inútiles, de la misma manera que los viajes sin destino no dejan de ser por ello menos interesantes. El pensamiento, que se vuelve indolente frente a cuestiones resabidas, se eriza sin embargo ante una pregunta que le seduce ocultando su respuesta. Como en los viajes no programados donde la única brújula es la curiosidad, a través de este tipo de preguntas uno llega a territorios tan insospechados como estimulantes. La pregunta, que viene después de estas palabras con las que estiro vuestra atención, es tan sencilla y directa que a veces se obvia. Llegamos al grano: ¿Qué es buen teatro?

Cuando digo que este interrogante carece de respuesta es, en realidad, porque tiene múltiples respuestas posibles. Es decir, no hay una única respuesta. Cada persona, aficionada o profesional, espectador comprometido o accidental, actor, director o crítico tiene una idea más o menos concreta de lo que es buen teatro. Pero –lo que es más interesante–, cada persona a lo largo de su vida formula diferentes respuestas a la misma cuestión. Tratar de responder al interrogante es, por tanto, un acto de autodefinición. Funciona como una especie de GPS que sitúa en coordenadas éticas y estéticas nuestra perspectiva sobre el teatro en un momento dado. No obstante, respondiendo a la pregunta resulta imposible definir o certificar, sólo se puede insinuar. No se llega a puerto, sólo se apunta en la dirección que crees la correcta. Es una manera de acechar una presa que se sabe inalcanzable. Es intentar describir el aroma de algo que no se ve ni se puede tocar. Llegamos al grano dentro del grano: a día de hoy diría que para mí el buen teatro tiene tres cualidades indispensables: sensibilidad, contundencia y humanidad.

La sensibilidad es la habilidad para sentir y hacer sentir. Así entendida la sensibilidad es una cualidad inherente de todo buen actor. De hecho, definir a un actor como alguien capaz de sentir y hacer sentir no parece un desatino. En una puesta en escena la sensibilidad se rebela en el cuidado por los detalles: en la colocación minuciosa de los objetos, porque un vaso tiene que ir allí y no varios centímetros más a la derecha, en el dibujo milimétrico de las formas, en ese pañuelo con las arrugas diseñadas, en la selección de la gama de colores, en el blanco de una silla que no es un blanco cualquiera… En ellos se percibe cuán lejos se quiere llevar el compromiso estético, y el amor y el odio que lo empuja por dentro. No en vano, nunca se es tan meticuloso como cuando se ama o se odia en profundidad. Observemos si no el enjambre de nimiedades que adorna todo cortejo bien llevado, o el detallismo monstruoso de las máquinas de tortura. Toda gran creación tiene la misma ingeniería que pone en marcha la pasión y el rencor, pero orientada hacia fines artísticos.

La contundencia hace pensar en algo duro y rotundo, pero aquí la utilizo en su definición más académica, como algo que produce “una gran impresión en el ánimo”. Los buenos teatros son capaces de causar una gran impresión en el ánimo del espectador, en su percepción emocional, pero también en su perspectiva social y política. Un matiz: la contundencia no está asociada necesariamente a algo grandilocuente. Puede ser algo pequeño, una imagen, un movimiento, una frase, pero de tal potencia que se imprime hondamente en la memoria del espectador. Siempre recordaré el espectáculo “¿Bailamos?” de Sémola Teatro y la imagen de un guardia civil con la cara completamente ensangrentada, después de que el actor metiese la cabeza en pintura roja. O frases de La Zaranda, como “es una milagro que esperemos un milagro”. O la fuerza embriagadora de las voces y las melodías de los polacos Teatr Pieszn Kozla. Los momentos contundentes tienen la capacidad de quedarse impresos en el recuerdo largo tiempo, para periódicamente asaltarte perturbándote de nuevo.

La humanidad es la cualidad que hace que el teatro sea un reflejo del comportamiento humano. Es aquello que despierta la empatía por los personajes y los actores, aquello que induce al espectador a bailar emocionalmente con ellos. Es descubrir en el entramado artificial de la escena momentos que, por su veracidad, pueden corresponder a una persona cualquiera. Cuando veo los espectáculos de Peter Brook es aquello que más me impacta: la sencillez y la transparencia de sus actores, que hacen teatro de tal manera que por momentos uno se olvida que está viendo teatro.

La sensibilidad, la contundencia y la humanidad parecen describir territorios bien definidos, sin embargo, se mezclan creando espacios inimaginables. Lo contundente puede ser sensible y humano, de igual forma que la sensibilidad es una cualidad humana que puede ser mostrada con contundencia, y la humanidad esconde a su vez momentos contundentes y sensibles. Las tres palabras intentan, sin conseguirlo, delimitar algo que es infinito. Y es que el buen teatro también lo es porque no puede atraparse con palabras. O como diría Mikel Laboa: al pájaro podemos quitarle las alas para retenerlo, pero entonces dejaría de ser pájaro.

 

 

 

 

 

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€