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20
Mar, Nov

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

En un vagón del metro, enlatado como sardina al igual que yo, vi a un solitario personaje manipulando su teléfono móvil para jugar al solitario en la soledad atestada de gente y por supuesto de teléfonos móviles.

Lo peor de todo, partida tras partida, solo perdía, no lo vi ganar ni una sola vez, al menos eso deduje de su cara inexpresiva perdida en el limbo. De seguro no solo perdía las partidas sino también su tiempo, ese escaso recurso no renovable que tan desconsideradamente desperdiciamos todos. No lo aprovechamos como debería ser, solo matamos el tiempo sin percatarnos que al hacerlo también estamos suicidándonos lentamente. Para cuándo al fin nos demos cuenta de la magnitud del desperdicio, estaremos tan cerca del fin que irremediablemente ya no podremos hacer nada como para salvarnos. En el mundo virtual, al perder vidas se debe recomenzar desde cero. En la vida real no tenemos esa ventaja. Hasta donde sabemos a ciencia cierta, el día en que perdamos esa vida real, todo se habrá acabó, se habrá terminado el negocio, habremos cerrado la puerta por fuera, nos dormiremos para no despertar, pasaremos a decorar el oriente eterno…

Lo único sabido es que no sabemos.

Ya que la comprobación científica nos muestra como la energía se transforma en materia y la materia puede transformarse en energía, seguramente nuestros cuerpos materiales cambiaran su estado para transformarse en energía pura, a lo que un católico podría agregar que esa energía llamada espíritu, después de pasar por el purgatorio para expiar sus culpas, pasará a acompañar al creador en el paraíso también llamado nirvana por los budistas, el mismo que en siglos pasados era el Aaru egipcio.

¡No sabemos nada!

Por muy creadores que seamos, no sabemos nada de lo que les pueda pasar en el futuro ni a nuestras creaciones ni a nosotros mismos. Por ignorancia nos inventamos bellas historias incomprobables que nos permitan vivir en la incomodidad y desconcierto que produce la ignorancia.

Aunque para crear tramas se necesita tiempo y dedicación, el pensar alternativas y relacionarlas entre si para llegar a una lógica, si no incuestionable, al menos aceptable.

¿Tarot en el teléfono móvil para explorar mundos místicos?

¡No! Lo dudo.

Un simple juego de cartas donde el esfuerzo neuronal es mínimo y el emocional nulo, difícilmente nos puede sacar de la inercia plana en que estamos inmersos los habitantes de una gran ciudad.

La tecnología puede ser nuestra mayor aliada al entregarnos lo necesario para crear o nuestra peor enemiga con su canto de sirena al hacernos creer que hacemos algo cuando en realidad no estamos haciendo nada. Cada uno de nosotros debe ser capaz de discriminar entre matar el tiempo jugando al solitario o alimentar el tiempo de ocio con las alternativas inconmensurables que nos proporciona el tener el mundo al alcance de los pulgares.

Imágenes, sonidos, información, …, podemos tener todo lo necesario para despertar nuestro inconsciente creador y ganar de una vez por todas en el juego de la vida, eso sí y solo si, hacemos el esfuerzo necesario para transformarnos de asesinos de tiempo en creadores del mismo.

No más solitarios jugando al solitario.

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