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Mar, Ene

negro & negro | Norka Chiapusso

Las ferias son eventos complicados, muy complicados. En cuatro días se presentan más de treinta espectáculos en sesiones maratonianas. Se realizan multitud de contactos, multitud de actividades paralelas, reuniones, encuentros, negocios y conversaciones de todo “pelo”. Una exhibición tan rotunda puede llegar a saturar. Hay que seleccionar bien y protegerse. No hace falta verlo todo. Cada uno tiene que realizar su planning, su recorrido particular en base a sus intereses profesionales.

Y protegerse, precisamente para no agotarse, para estar “descansado” y “lúcido” cuando llega ‘EL ESPECTÁCULO’ de la feria, o ‘MI ESPECTÁCULO’ de la feria. La convivencia entre los más de 500 profesionales participantes tampoco se convierte en una camino de rosas. Son días muy intensos, muy agotadores, trasnochando y madrugando a la vez, en una dinámica que va minando las energías, la capacidad de recuperación, sobre todo, entre los miembros de algunas generaciones más maduritas, entre las que me encuentro. Las sensibilidades entre unos y otros son muy variopintas: desde el práctico que busca exclusivamente el resultado final hasta el más empático que analiza los procesos creativos, los valora y apuesta de manera distinta. Conviven compañeros que entienden la profesión como colaboración y ayuda con compañeros que la entienden como competencia y rivalidad. Actitudes en positivo se mezclan con actitudes en negativo que intentan perjudicar al contrario. Y no olvidemos el público como telón de fondo.    

En este contexto, quería poner el foco de atención en un aspecto, que no por ser difícil de ver o de entender, deja de ser así, tal y como lo contamos: “en bastantes ocasiones, no programar un espectáculo en una feria ayuda al espectáculo”. Dicho de otra manera, “en bastantes ocasiones, programar un espectáculo en una feria le puede perjudicar incluso hundir”. Existen supuestos que corroboran la anterior afirmación. Veamos alguno.

  • Estrenar un espectáculo puede ser uno de esos supuestos. En la medida que el estreno es uno de los momentos de mayor debilidad en la vida de un espectáculo hay que tomar medidas para defenderlo. En el estreno los espectáculos se encuentran sin haber tenido contacto con el público, en ocasiones, sin ajustar, sin medir bien los tiempos y las soluciones escénicas. Hay que tenerlo muy claro, haberlo elaborado muy bien previamente, haberlo contrastado con verdaderos amigos con espíritu “crítico”. Interesante contar con una larga experiencia profesional que ayude a paliar estos problemas y a reducirlos. Acaso un prestigio sólido en la profesión puede ser de estimable ayuda. Pero ¡cuidado!. Si el artista llega justo de tiempo al estreno, o si es la primera producción que acomete como creador, o si la propuesta es de riesgo por recorrer territorios no tan explorados, o si el artista no cuenta todavía con una trayectoria que lo avale suficientemente es muy probable que sea mejor para el espectáculo que la dirección de la feria no lo programe. 
  • Programar un espectáculo en una feria cuando el espectáculo tiene ya una amplia  gira armada y contratada, beneficia a la feria pero muy poco al espectáculo. ¿La feria aportará funciones? ¿aportará algo positivo? ¿y negativo? ¿para qué asumir riesgos? En este caso, es mejor también no incluirlo en la programación. 
  • Cuando un espectáculo se estrena, y no suscita demasiado interés ni de público ni de crítica, o bien por el tema elegido, o bien por su calidad, o por estar fuera de formato, o porque necesite retoques y correcciones de dirección y/o dramaturgia…tiene más opciones de futuro si no se ve demasiado y se programa sobre proyecto.

Podríamos citar otros supuestos distintos. Las ferias cuentan con programaciones muy amplias y muy intensas. Pueden llegar a saturar, a que unos espectáculos eclipsen a otros, a simplificar los resultados… Los profesionales asistentes y las corrientes de opinión que se generan encumbran a unos, ningunean a otros, hunden a algunos y perjudicar a muchos. Filias, fobias, rivalidades y competencias mal entendidas, insolidaridades y traiciones son un caldo de cultivo peligroso. Junto a todo esto, existen actitudes y cosas muy positivas y loables, Claro que sí, y al que le sale bien le vendrá fenomenal pero si tienes o arrastras debilidad de algún tipo…cuidado. Hay que protegerse. Acaso las opciones van por otros derroteros, hay que diseñar bien las estrategias comerciales y las presencias deben ser meticulosamente medidas. En este contexto, y en ocasiones, no estar programado hay que verlo y entenderlo en claves distintas: claves complicadas…

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