Sidebar

17
Lun, Jun

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Leo en alguna parte de ese infinito mundo virtual que cabe enterito en mi pantalla de ordenador, que somos supersticiosos por naturaleza, que nuestro cerebro está programado para intentar explicarse el mundo - ¡nada menos! -, y que ante tal ardua tarea muchas veces este pobre cerebro nuestro no tiene más remedio que inventarse historias que poco tienen que ver con la realidad. ¿Soy yo acaso el único que de niño intentaba pisar las rayas blancas del paso de cebra creyendo que así aprobaría un examen? ¿El único que pensaba que si el próximo coche en aparecer a la vuelta de la esquina era rojo, ello indicaría que aquella niña que nunca me miraba lo hacía por disimular su atracción por mí? Así se empieza para luego, cuando a la inocencia le salen patas de gallo, acabar entregando nuestra fe a una religión, a la ciencia, a la medicina de bata blanca o a la esotérica, a un periódico o a la televisión. Llegado el momento dejamos que todas esas fábricas de explicar el mundo construyan nuestra actitud crítica frente a la vida. Llenamos nuestro vacío existencial con sus leyendas. Mejor una mentira bien hilvanada, que el desasosiego de no saber qué nos pasa y por qué. Algo así debe de pensar nuestro cerebro, mientras nosotros asimilamos sin rechistar las contradicciones que nos rodean.

La cosa es que leído el artículo, que tiene autoría de pedigrí, ya que lo firma una catedrática de psicología experimental, no puedo sino reafirmarme en mis supersticiones, particularmente las que afectan al oficio escénico. Me digo que los que nos dedicamos a esto tendemos a llenar de misterios y leyendas lo que nos envuelve. Por ejemplo, los textos clásicos, o cualquier otro texto que nos subyugue, parece siempre inspirado por alguna cualidad divina, que hace no solo que nunca lleguemos a comprender su esencia, sino que además disfrutemos de esa incomprensión. ¡Y qué decir cuando somos actores, que salpicamos de supersticiones nuestro quehacer diario! Cito al vuelo. Casi todos tenemos una particular rutina antes de salir a escena y si por lo que sea no podemos hacerla con el tiempo necesario, en seguida entra la corazonada de que algo puede ir mal. Utilizamos vericuetos inconfesables para acercarnos al personaje. Incluso creemos en la providencia catastrófica que siempre aparece el día del estreno. Ustedes, actores, ¿no se reconocen en estas supersticiones?

Aún hay más, no crean, pues podríamos decir que el teatro incita a la superstición de los espectadores. No solo porque se busca que el espectador crea en algo real que se ha trabajado con artificio, con arte y oficio, sino porque muchas veces trabajamos con la secreta intención de que el teatro puede resonar más allá del tiempo que dura el espectáculo, más allá de las carcajadas o llantos puntuales, más allá del mero entretenimiento; pues queremos creer que el arte puede extender sus tentáculos invisibles para tocar alguna fibra social o política. Nuestra superstición puede ir incluso más allá, hasta llegar a admitir, como bien apuntaba hace poco Nuccio Ordine, que el arte, como la cultura, es inútil, afortunadamente. ¿Hay algo más supersticioso que volcar toda tu actividad en algo que asumimos es inútil?

En estas desentierro mi cabeza de avestruz del suelo, y miro alrededor. O sea, a otra parte de ese mundo que se asoma a mi pantalla, a las noticias de los diarios... Y me da por pensar. ¿No es también superstición que una gran mayoría tenga la intención de seguir votando al partido que gobierna esa barraca tristona llamada España, cuando ha demostrado, por activa y por pasiva, haber incumplido punto por punto su programa electoral, salvo en el tema del aborto? ¿Cuando ha quedado claro que han mentido, robado y cambiado la estructura socio-política y cultural a favor de una minoría neoliberal, o peor, a favor de sus propios intereses? ¿No es superstición lo que tenemos que aplicar para seguir creyendo a ese supuesto adalid de la igualdad mundial que es Obama quien afirma, entre otras cosas, que gracias a la capacidad de liderazgo del jefe de la barraca la economía española se ha estabilizado? ¿No es superstición que sigamos creyendo en el sistema judicial cuando, y cojo un tema al azar, un fiscal y Hacienda defienden a la Infanta con mayor ímpetu que sus abogados? ¿No es también superstición que unos ciudadanos ahorradores confiasen en sus bancos en la cuestión de las preferentes, que a la postre han sido quienes han orquestado esta crisis que ha afectado a tantas personas menos a ellos? ¿Y no es acaso una superstición mayor la de esta sociedad adormilada que parece simplemente esperar a que la situación mejore sin ofrecer resistencia alguna?

Ya ven, hay supersticiones y supersticiones. Mientras unas supersticiones se conforman con ser útiles en su asumida inutilidad, hay otras que guardan la intención oculta de empobrecer y arruinar más este mundo. Que cada cual escoja la suya.

Nuevo número de la revista ARTEZ


Visita nuestra librería online

Todos los libros de la editorial artezblai

NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
Precio : Próximamente

Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€