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Dom, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

La vida se va construyendo a base de trancos, de espacios de tiempo que guardamos en la memoria en donde parece establecerse a posteriori una coherencia. Y es cierto que hay tramos de nuestra biografía en donde la estabilidad parece ser el denominador común. Pero cuando se está en la situación más aparentemente cómoda se precipitan acontecimientos que te vuelven a dejar pegado al teléfono esperando esa llamada que te rescate de la angustia.

Me refiero a la vida de los agentes libres, de actrices y actores, directoras, dramaturgos o escenógrafas que no han opositado, que están en salas, tetaros, compañías o grupos, con una inseguridad absoluta, desentiendes de la contratación que en muchos caso no llega. O llega con una frecuencia que hace imposible una supervivencia con las mínimas garantías. Y así lo demuestran las demoledora estadísticas donde se describe una realidad imposible de asimilar sin utilizar medidores fuera de la lógica mercantil, laboral, sindical: estamos ante un hecho de voluntariedad por encima de otra consideración. Y sí, está claro, hay un porcentaje mínimo que trabaja regularmente, que tiene su futuro asegurado, que debe aprovechar su racha.

Porque es bastante habitual encontrarte a un viejo conocido que te explica su situación profesional y acaba desciendo que está atravesando una mala racha. Es un lenguaje de jugador. Las rachas parecen ser un alineamiento favorable de las estrellas o que algún ángel de la guarda te está protegiendo y eso acaba convirtiéndose en buenas cartas, o en llamadas para casting que acaban en una sesión en una serie actual y que eso puede llevarte en la buena racha a otros papeles, a otros contratos, a la vida normalizada, a una aspiración de trabajador de la cultura que puede afrontar sus gastos cotidianos con su trabajo. No parece una ambición excesiva.

También sucede lo contrario: las buenas rachas. Uno que tiene acumulados muchos quinquenios ha visto como hay un tipo de actriz, actor, antes no necesitaba ser famoso, pero ahora parece tener que pagar ese peaje casi obligatoriamente, que siempre han tenido trabajo. Dramaturgos que desde la oscuridad de su despacho en horas robadas a su vida social y al sueño han ido haciendo una obra que de repente, sin apenas saber las razones objetivas, llega a los escenarios, estrena en una temporada tres obras y se convierte en alguien que está en todos los lugares, en todos los estamentos, regalías, viajes, jurados, premios. Estas buenas rachas a algunos les duran años, décadas, iba a decir siglos. Pero es más habitual las rachas ligadas al Poder, a las Instituciones, al tú me das que yo te doy o te daré.

A mí no deja de sorprender las rachas en las que entran los directores del CDN u otras instituciones similares. De ser unos esforzados profesionales que iban escribiendo, dirigiendo, vistiendo algunos espectáculos de toda categoría, de menara intermitente de repente les entra una fiebre estajanovista y son los directores que más estrenan en el propio CDN, que más adaptan, a los que más publican externamente y, aquí viene lo bueno, los que son más solicitados por los empresarios de fortuna para hacer productos directos o asimilados. No trabajan con el grupo del que provenían o algo similar, no, ellos pasan del dinero de todos, el CDN, al dinero de todos, el que reciben de subvenciones los productores que tiene desde hace tiempo las mejores rachas a la sombra del Poder constituido. Lo que llamamos el Oligopolio.

Ya he vuelto a escribir palabras malsonantes. No se puede decir. NO hay que señalar. Te estás metiendo con los más revanchistas, los que saben mover los hilos y te pueden negar publicidad y maldecir en los despachos con moqueta sobre ti y tus medios de comunicación. Hay que decir que son profesionales que han sabido colocarse en su sitio en el momento oportuno, es una injuria decir que están demasiado bendecidos por esos poderes con tintes sospechosos. Son las palabras de un resentido, me dice mi otro tú. Alguien que nunca ha tenido una buena racha y no comprende el éxito. Pues no me da la gana callarme hoy. Yo quisiera saber cómo se soluciona en la práctica que un director del CDN estrene  una obra producida por la empresa preponderante en la producción catalana y española que después puede llegar a la programación del mismo Centro. ¿Cobra aparte, se tira unas semanas o unos meses sin cobrar del CDN para dedicarse a sus asuntos privados o es un Titán capaz de llevarlo todo a la vez? Y bien. O muy bien. Para su bolsillo.

Podría estar poniendo ejemplos hasta avergonzarme. Pero escuché a una persona decir que para ella llevarse unos folios de la oficina era corrupción, pues imagínense cómo se deberían considerar ciertas connivencias, ciertas actitudes que huelen desde Mérida hasta aquí a corruptelas. O directamente a corrupción. O como mínimo a acaparación de funciones. Y si nos ponemos a mirar las relaciones personales, entonces ya podemos montar un sainete. O un auto judicial.

Estoy de buena racha. Feliz semana. Especialmente a todas esas clases medias, trabajadores honestos, gente preparada y que se sigue formando y que va haciendo su carrera, su camino, sin deberle nada a nadie. Es decir, a la inmensa mayoría.