Sidebar

16
Lun, Dic

@Vicente A. Jiménez

Teatro del Contrahecho encara el alcoholismo en la tragicomedia social 'Delirium', que se podrá ver del 31 de octubre al 10 de noviembre en la Sala Ultramar de Valencia. El montaje reflexiona sobre otro tipo de adicciones, como el consumo compulsivo, los videojuegos, el consumo de porno online y el uso del móvil.



Según la Organización Mundial de la Salud, más de tres millones de personas mueren anualmente a causa del alcoholismo. El inicio del consumo cada vez tiene lugar más pronto: un 81,2 por ciento de los jóvenes menores de edad declara haber ingerido bebidas altamente graduadas alguna vez en la vida. Esa realidad incómoda, que la sociedad prefiere ignorar, es la materia prima de la nueva obra de Teatro del Contrahecho, 'Delirium'. La tragicomedia, escrita por Marcos Luis Hernando y dirigida por Isabel Martí, estará programada en la Sala Ultramar de Valencia del 31 de octubre al 10 de noviembre.

Los responsables de la propuesta han realizado un gran trabajo de documentación. El punto de partida fue la literatura, con la lectura de obras de Lucia Berlin, Charles Bukowski, Baudelaire y Boris Vian, sin olvidar un libro biográfico sobre la droga más legal del mundo, 'Vino torcido' de Joaquín Santaella. Marcos Luis Hernando también recopiló datos que le hicieron llegar desde asociaciones de afectados y el Ministerio de Sanidad. Y a la escritura y la estadística, le sumó entrevistas personales a antiguos adictos, a una psicóloga especializada en adicciones y a una trabajadora social.

Los protagonistas de 'Delirium' son tres mujeres (Rosanna Espinós, Pilu Fontán y María Poquet) y dos hombres (Alberto Baño y Ernesto Pastor), apostados en un bar como "pajaritos ensartados en un cable de alta tensión", compara el autor del texto, que se ha inspirado en "esos habitantes de barras que ves sentados en su taburete con la mirada perdida y la copa enfrente".

Hernando ha recurrido al lirismo para retratar una realidad sórdida en la que han vivido poetas como com Jack Kerouac, Dylan Thomas, Elizabeth Bishop y Marguerite Duras. En su conjunto, el montaje es "una canción de amor desolado, que busca la empatía con la decadencia que muchos reconocerán como propia, porque está en la idiosincrasia de nuestra sociedad".