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Lun, May

Foro fugaz | Enrique Atonal

En París todo está trastornado por la huelga en los transportes públicos, el Metro, los trenes suburbanos y los ferrocarriles nacionales. Estamos encerrados en nosotros mismos. Salir es arriesgarse a ser atropellado, por automotores, bicicletas, patinetas eléctricas, otros transeúntes acelerados, o por uno mismo y la confusión que no sabe adónde llevarte. Sales a la calle y de inmediato te acosa el caos. Por lo menos es lo que ocurre frente a la entrada de mi edificio. París es un caos y no se ve ninguna solución al conflicto. 

 

Las salidas del metro están cerradas la mayor parte del tiempo, los pocos autobuses que transitan van repletos hasta las ventanillas como en una ciudad  tercermundista, las paradas acumulan pasajeros que no tienen esperanzas de abordar ningún vehículo, el tráfico es de pesadilla. Y todo es caminar y caminar, como la canción, si quieres llegar a tu destino. Esta semana llevaremos más de un mes sin transportes, un largo mes de trifulcas cotidianas para millones de pasajeros.  

¿Y los teatros ante este desconcierto? Los pobres teatros que de suyo padecen el desamor del público, ahora encuentran un motivo más de queja, pues el espectador no aparece en las salas y las pérdidas económicas son enormes. Los teatros sufren los problemas de circulación de manera directa, su apoyo y razón de ser, el público, deja de desplazarse a las salas de espectáculos. Las salas están semivacías, se suspenden representaciones, la situación es de crisis.  

Y cuando el espectador hace le esfuerzo para llegar, por ejemplo al ballet de la Ópera, o a la Comedia Francesa, ¿qué pasa? Pues que no hay representación por la huelga de las compañías, son teatros oficiales que pueden permitirse el lujo de hacer un paro para protestar porque quieren cambiarles su fórmula de jubilación. El problema es que no se trata de una huelga bien definida, con fechas exactas de la anulación de los espectáculos, son paros que se deciden al último momento, entonces puede que haya representación o puede que no. Así que entre unos que cierran por huelga y otros que suspenden funciones por falta de público, la situación es muy grave para el espectáculo vivo, ya sea teatro, circo, ópera o ballet. 

Los teatros del estado son los más afectados por los paros, aunque la situación no es novedosa. Ya en una película de 1991 (Meeting Venus) del húngaro Zoltan Szanto se observa la facilidad con la que músicos y tramoyistas franceses se declaran en huelga sin importarles el público ni el espectáculo para el que han sido contratados. 

En una carta abierta publicada en el diario Les Echos, un espectador reprocha a trabajadores y artistas de las compañías nacionales su falta de respeto por el público; se queja de que por el derecho de huelga francés se pueda bloquear una representación unas horas antes del inicio del espectáculo lo que provoca una profunda frustración en el público que con mucha dificultad se ha desplazado para ver la obra. El espectador que hace la denuncia no pone en duda el derecho de huelga de los trabajadores del espectáculo, lo que denuncia es la falta de respeto hacia el espectador, al decidir la huelga horas antes de la representación. 

"La huelga de los transportes asfixia al espectáculo viviente en París", dice uno de los responsables de los teatros privados, que son los que más recienten la baja de público. Y añaden que el Estado debería ayudarles a salir del mal momento por el que atraviesan. Además la pérdidas en diciembre son substanciales, ya que es cuando los teatros logran lo mejor de sus entrada anuales. La huelga es fatal para los teatros no subvencionados y a la larga también lo será para los que reciben apoyos estatales. 

Porque muchos teatros nacionales importantes se ubican en las afueras de París, y ahora sólo pueden contar con el público local. La tentación del invierno es quedarse encerrado en su casa, una vez que se ha logrado llegar sorteando toda clase de obstáculos. Si esto es válido para cualquier teatro, en el caso de aquellos que están ubicados lejos del centro, la situación es más dramática.

Difícil y confusa es la época en la que vivimos; la huelga de los transportes parisinos afecta directamente al teatro, y ya dura más de un mes sin que se vea una salida al problema, gobierno y sindicatos campean en sus posiciones y nadie quiere ceder. A esto se añade la huelga de algunos teatros nacionales como la Comedia Francesa o la Ópera de París, paro confuso y afecta la principal riqueza de un teatro, el público.