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Mié, Oct

Sangrado semanal | Juana Lor

Huir o luchar. Al ser humano no le queda otra ante una situación de verdadero peligro, donde su supervivencia se ve amenazada. O nos quedamos o nos vamos. Y cualquiera de las dos cosas las hacemos con "tutto noi stessi" que dice Eugenio Barba, es decir con "todo nosotros mismos", con la presencia y los sentidos a tope.

El tiempo, sin embargo, no se queda a luchar. El tiempo huye, vuela, se fuga después de los instantes. Crees tenerlo agarrado, nada cambia, todo permanece y para cuando te das cuenta, el pijama de talla 0 se hizo pequeño y el telón de la última función se cerró para siempre. Aunque tuvieras 50 por delante.

Dicen que los instantes se detienen cuando cabalgas el tubo de una ola de surf. Aunque no se hayan deslizado por una masa de agua salada en movimiento, estoy segura de que muchos de los lectores han sabido detener el tiempo alguna vez. Por un momento, cualquiera podría cerrar los ojos y rememorar aquel instante en que el tiempo se detuvo.

Yo traté de hacerlo hace bien poco, entre patas, mientras sonaba la Orquesta de señoritas de Maria Elena Walsh y oía el murmullo de los espectadores acomodándose en las sillas. Vi a mis compañeras cerquita, recién maquilladas y haciendo eso que hacen las artistas segundos antes de salir a escena una vez más. E intenté agarrarlo, el tiempo digo, porque sabía que aquello no se repetiría. Cada una partiría a sus historias y nuevos proyectos tras los aplausos de aquella noche. A Dios gracias, fracasé.

Las cosas son bien distintas cuando formas parte de una compañía con elenco estable: Sabes que los verás, los respirarás y los disfrutarás al día siguiente y al otro y al otro. Por eso no da tanta pena que se le acabe la vida a una función. Porque sabes que tus compañeros seguirán ahí. Me atrevo a decir, hoy, que para siempre. Con un elenco estable burlas lo efímero del tiempo en teatro. Es una buena forma de hacerle frente. Aunque él no quiera luchar.

"Más allá del dogma de la Inmaculada Percepción". Así tituló, Mariti, profesor recién jubilado de la universidad romana La Sapienza uno de sus escritos referido al Teatro y al Tiempo. En él subrayaba que el teatro ha hecho siempre con el espacio lo que le ha venido en gana ya que es una variable que domina. Pero con el tiempo no, el tiempo aún es asignatura pendiente para el teatro. Y cómo este es espejo de realidades, pues ya podemos empezar a aplicarnos el cuento. ¿Qué cuento? Pues qué se yo. Aquel que se titula Carpe Diem, por ejemplo...