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Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Algo no cuadra. Cuando nos hablan del cerebro humano quedamos maravillados por la perfección de un órgano que es capaz de acometer y modular con extrema finura múltiples funciones del cuerpo. Nos ponemos poetas y pensamos que no hay ingeniería en el mundo capaz de actuar de forma tan compleja y armoniosa como lo hace este impresionante cúmulo de neuronas con forma de nuez. Resulta paradójico, sin embargo, que el ser humano, gobernado como está por esa máquina aparentemente tan agraciada, se muestre en infinidad de ocasiones miserablemente embustero, ruin y corrupto. Alguien puede esgrimir el clásico razonamiento de que el ser humano no es malvado en sí mismo, sino que son las circunstancias las que lo vuelven así de despreciable. Pero a día de hoy, desde el momento en que somos capaces de controlar y descontrolar casi todas las circunstancias que nos rodean, desde el clima a los genes, esta justificación queda totalmente desfasada. Algo no cuadra, pues, en esta visión idílica que generalmente se vende del cerebro. Quizá el piloto no sea tan bueno si el coche se sale de la calzada tan a menudo.

En la actualidad, ya hay numerosos científicos que ven el asunto desde otra perspectiva y consideran que, de la misma manera que no todo el monte es orégano, tampoco el cerebro es fuente exclusiva de comportamientos ejemplares. Estos discrepantes estudiosos se remiten a una cuestión primordial: a lo largo de la evolución, el cerebro no ha sido diseñado para mantener unas relaciones cordiales con sus congéneres ni para posibilitar la armonía con otras especies, su principal cometido, aunque suene maleducado, es permitir la supervivencia del organismo donde habita. Hay que mantenerse vivo. El resto es poesía, que diría Heiner Müller.

En esta misma onda, según pude ver en el programa "Redes" de Punset recientemente, se encuentra el psicólogo Robert Kurzban, que asegura que el engaño es una de esas estrategias deshonestas que ha desarrollado el cerebro para sobrevivir. Como un ejemplo entre muchos, ponía el caso de algunos peces abisales. Resulta que estos peces tienen una parte de su anatomía que se asemeja a un gusano. Cuando agitan esta protuberancia atraen la atención de los peces más pequeños y éstos, inocentes, se acercan pensando que se van a dar el gran banquete. Los peces mafiosos aprovechan entonces esa situación para zamparse a los pobres incautos. Qué listos, los cabrones. Y ahora, si miramos a nuestro alrededor, uno se da cuenta de que los bancos han seguido una estratagema similar. En su día pusieron suculentas hipotecas como cebo al por mayor y hoy, en medio de una debacle generada por ellos mismos, engullen a todos aquellos que no pueden pagar. Una versión del engaño más depurada y compleja, pero igual de salvaje.

Kurzban va más allá en el asunto y apunta que este cerebro nuestro que tanto adoramos es esencialmente hipócrita. Lo que oyen. Por lo visto, en el cerebro actúan diferentes módulos que no siempre comparten la misma información y, en su evolución, el cerebro ha aprendido a desvanecer esas contradicciones y a asumir como real aquella información que es más ventajosa para el sujeto, aunque ésta no se corresponda con la verdad. De esta manera, invariablemente tendemos a vernos más inteligentes, más atractivos y más hábiles de lo que el espejo o nuestras aptitudes marcan. Y como consecuencia, al creernos mejor de lo que realmente somos, permitimos que el autoengaño se traspase y que quienes nos rodean también piensen que nuestras virtudes son mayores de lo que lo son en realidad. Ello nos permite, entre otras cosas, una mayor facilidad para encontrar pareja o mejores alianzas con quienes nos rodean. En definitiva, que el cerebro nos prepara de forma sibilina para lo que vulgarmente se llama "vender la moto" y sacar provecho de ello.

Todo esto puede resultar bastante descorazonador, pero puesto sobre el eterno debate que tan en boga puso Diderot con su paradoja y esa difusa línea que separa al actor del personaje durante la interpretación, el tema puede aportar un punto de vista particular. Con todos los matices que se quieran aportar, ciñéndonos a lo esencial, el actor está obligado a ser otro personaje y a la vez él mismo. Vive por tanto una contradicción, un engaño, una hipocresía (recordemos que en tiempos de los griegos al actor se le llamaba "hypokrites"). Sucede entonces que el buen actor no ve su oficio como un engaño ni una contradicción, lo percibe como acto de fe y sinceridad. Es decir, el buen actor es alguien que ve coherencia y verdad allí donde otros, con ojos académicos, ven un juego de fingimiento; es alguien que cree fehacientemente en algo que quienes miran saben que no es real. Podríamos concluir, entonces, que el hecho de que el cerebro esté naturalmente adaptado para engañar y engañarse puede presentar una ventaja para todo actor que sepa utilizarlo. Es una manera positiva de ver el asunto. Aunque quizá yo también me esté autoengañando. Quién sabe.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
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Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€