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Lun, Jun

El parto de los montes

 

El Teatro de la Abadia finaliza su ciclo sobre la memoria histórica con el estreno absoluto de la versión teatral de la novela de Luis Martin-Santos Tiempo de silencio, (publicada en 1962). Llevar a la escena este fenómeno literario con una estructura laberíntica "a la tradición picaresca, el lenguaje de Valle Inclán y el imaginario de Goya" y con múltiples personajes, es un desafío. Desgraciadamente, el resultado de esta versión teatral, tanto en la adaptación de la novela, como en la puesta en escena, es una simplificación y reducción a lo anecdótico, de la temática de la novela original. 

Luis Martin-Santos, médico y psiquiatra, retrata en Tiempo de Silencio el Madrid de la postguerra con la miseria, la sordidez, la precariedad de la vida y la supervivencia de los marginados. Su visión, aguda, sin concesiones, de este mundo me recuerda la de los bajos fondos y suburbios del Paris de entreguerras, en Voyage au bout de la nuit de Louis Ferdinand Céline, también médico. 

Los protagonistas de ambas obras son médicos, don Pedro en Tiempo de Silencio y Bardamu en Voyage au bout de la nuit, ambos se enfrentan al) sufrimiento, la miseria, la violencia y la por la supervivencia, y también a la indiferencia, el egoísmo, la injusticia social y la explotación de unos por otros. 

Don Pedro, médico, investigador, indaga, a través sus experimentos con ratones, en el aspecto hereditario del cáncer. La falta de ratones en su laboratorio le obliga a buscarlos en las chabolas a las afueras de la ciudad, descubriendo allí la realidad de la vida de los marginados. 

En su trayectoria, acompañado por su ayudante, el médico recorre este infierno humano de burdeles con putas y sus clientes, abortos ilegales, verbena, cárcel, policías y funcionarios, etc. 

Ante esta realidad, el médico toma conciencia de su impotencia, frustración y de su fracaso profesional y personal dentro de la sociedad en la que vive.

Una sociedad atemorizada que vive bajo una capa de silencio.

La estructura dramatúrgica, muy compleja, es un tejido de la narración y la interpretación, de la que se encargan siete actores que hacen a la vez de narradores y múltiples protagonistas de la obra. 

El escenario vacío. En el fondo, un telón semicircular mugriento y ruinoso que representa una medianería, y que, más tarde se levanta a media altura.

Dos plataformas redondas, en el fondo, con escalones, en los que se sientan los personajes, en algunos momentos.

En el centro una plataforma giratoria que de vez en cuando se pone en marcha girando con los personajes. 

Un paisaje desolado de una ciudad monstruosa con sus chabolas y su fauna humana. 

Pero todo este mundo sórdido desfila aquí de forma machacona, poco creíble.

Las escenas y situaciones, que componen la trama, se alargan, quedándose en lo anecdótico, sin ninguna distancia.

El naturalismo y el expresionismo excesivo, caracterizan tanto la visión escénica, pesada y sin imaginación, del director suizo-alemán, Rafael Sánchez, como la actuación de los actores, dispares.

Sobreactúan, reaccionan con violencia excesiva y gritos inútiles en algunos momentos, corren por el escenario sin aparente motivo.

Sergio Adillo hace un don Pedro, muy artificial, con poses, gestos y comportamiento llenos de tópicos y clichés. 

En su monologo final: "vivimos en el tiempo de silencio", que dice frente al público, con tono lúgubre, está patético. 

Al expresionismo en la actuación se añaden los efectos sonoros, ruidos, ráfagas de sonidos estridentes, con intención de crear una atmósfera urbana opresiva.

En suma, he visto un espectáculo con una estética muy a lo alemán, pesado, entre psicodrama y bulevar, con buenas dosis de violencia y miserabilismo.

 

Irène Sadowska

 

Tiempo de silencio, a partir de la novela de Luis Martin-Santos - Dirección: Rafael Sánchez - Versión: Eberhard Petschinka - Escenografía y vestuario: Ikerne Giménez - Iluminación: Carlos Marquerie - Espacio sonoro: Nilo Gallego - con la colaboración de los músicos Pelayo Arrizabalaga, Julián Mayorga y Luz Prado - Reparto: Sergio Adillo es: Don Pedro - Lola Casamayor es: Matriarca, Doña Luisa, madame del burdel, Bailarina en la verbena - Julio Cortázar es: Matias, Cartucho - Roberto Mori es: Amador, Gracioso, Funcionario de la cárcel, Cliente del burdel - Lidia Otón es: Dora, (hija de la Matriarca), Charo, puta en el burdel Ricarda, esposa del Muecas, Mecanógrafa de la cárcel, Directora del laboratorio - Fernando Soto es: Muecas, Similiano, Gracioso, Funcionario de la cárcel, Cliente del burdel - Carmen Valverde es: Dorita, nieta de la Matriarca, Florita, hija del Muecas, Puta joven en el burdel - Creación del Teatro de la Abadia de Madrid- del 26 de abril al 3 de junio 2018

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
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Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
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