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Lun, Nov

Foro fugaz | Enrique Atonal

En estas horas de confinamiento, quiero soñar con un foro activo que presente una obra que tenga el potente destello de un logrado espectáculo en vivo. Nada hay comparable a esa experiencia; la vivencia teatral es única. 

 

No me consuela la generosa oferta que ponen en línea los grandes teatros, como La Comedia Francesa que la semana pasada ofreció Les Fourberies de Scapin (Las tropelías de Scapin) de Molière, o los ballets rusos de San Petersburgo que presentan una versión coreográfica de Los hermanos Karamazov del genial novelista ruso Dostoievski. Gracias, pero, ¡Quiero teatro! ¡El Gran Teatro del Mundo! ¡Quiero ver en escena a Segismundo, a Hamlet, a Fausto, a Don Juan Tenorio! ¡Quiero grandes actores interpretando grandes personajes! 

Hoy quiero reivindicar desde mi papel de cronista digital el trabajo de los actores, de las actrices, ¿Dónde estás María Casares? ¿Sara Bernhardt? ¿Gérard Philipe? Quiero encontrar al tempestuoso Depardieu interpretando Tartufo de Molière, a Isabelle Adjani en La Dama de las Camelias, quiero teatro, pura escena. Porque las actrices/tores son los motores/magos de la escena. La presencia de un buen interprete es incomparable, nos puede mostrar los otros caminos de la realidad. Es un arte-oficio que requiere disciplina, duende y corazón. Todos quisimos ser actores, pero pocos fueron los elegidos en ese oficio  que debe tanto al médium, al chamán, pero también al cómico de barrio, al trovador de feria, al buhonero de pueblo. Un buen actor es un mago, puente entre varias realidades. Lo saben los clásicos, Shakespeare (recordemos sus consejos a los actores en Hamlet), Molière, y en el siglo XIX con sus grandes actores melodramáticos. 

El prestigio del actor ha emigrado hacia la pantalla, el cine ha sustraído talento al teatro, aunque ahora el espectáculo se ha fracturado hasta convertirse en miles, millones de micropantallas que debilitan en lugar de enaltecer. Dice en una entrevista el director de cine David Lynch: "Ver una película en un Smartphone no te ayuda a sentir el film, es un engaño". 

Pero volvamos a la inmigración de la escena a la pantalla: grandes actores que eligen el cine para representar, y siguen siendo grandes actores, pero la escena se empobrece. Los actores eligen el cine para detener el desgaste del tiempo y soñar vanamente con unos años de eternidad. Aunque ahora con los youtubers, imagen y contenido quedan a la deriva; de este modo también el cine se debilita: ahora la moda son las series, pero qué le vamos a hacer, así va el mundo. 

También los buenos actores frecuentemente entran en la manía del monólogo. Incapaces de relacionarse, de aceptar las dificultades de la compañía, deciden hablar a solas con el público. El ejemplo más claro en mi concepto es el actor francés Philippe Caubère que se ha dedicado a hablar sólo en escena desde que salió de la compañía del Teatro du Soleil de Ariane Mnouchkine, en donde realizó actuaciones memorables. Porque el teatro y todo ejercicio dramático es un trabajo de conjunto, de creatividad colectiva en donde cada oficio debe dar lo mejor de sí mismo. Por supuesto que los actores son fundamentales en este ejercicio. 

Desde hace tiempo se ha pretendido disminuir el papel del actor. El director escénico cree que puede reducir el trabajo del actor. La realidad los desmiente: El actor es el centro de una buena puesta en escena. 

Gordon Craig trató de impulsar la idea del intérprete marioneta; también prevaleció en Meyerhold una presentación biomecánica, mientras que Artaud puso el acento en el director de escena, pero el que mejor prevalece es Stanislasvki, con su teoría actoral diseminada en el mundo a través de sus exegetas, porque el actor es el motor de la escena y todo intento de substituirlo fracasa. 

Quiero recordar dos ejemplos de dos grandes actores que han trabajado con directores excepcionales. El primero es el polaco Ryszard Cieslak que fue El Príncipe Constante de Calderón en la experimental y fundadora puesta en escena de Jerzy Wrotowski. El otro es Adrian Lester, el Hamlet negro de la versión de Peter Brook. Ambos fueron ese puente entre dos mundo, portadores del doble en escena.    

Esperemos que después de esta pausa obligada todos nos precipitemos al teatro para ver al actor en la urgencia de su creatividad. Porque las actices/tores son los que dan vida y fuerza a la escena. No hay otro camino y todos necesitamos el teatro. 

París, noviembre 2020