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Jue, Oct

Y no es coña | Carlos Gil

Ni entrenándome durante años me podía salir un titular más obvio: todos los oficios que sirven para realizarse el acto final, eso que se convierte de manera inexcusable en un hecho teatral, son necesarios, imprescindibles y aportan calidad, entidad, seguridad a lo insustituible, que es el intérprete. Partiendo de este punto, cuesta entender de una manera razonable y tranquila lo que está sucediendo en estos momentos con la apertura de una bolsa de contratación para diversos edificios dependientes del Ministerio de Cultura. 

 

La situación se está volviendo tan absurda que intentar aportar alguna cosa que no sea solidaridad con los afectados y reproche a la falta de seriedad en las instituciones públicas involucradas, sería inmiscuirse en un conflicto que está alcanzando cotas de enfrentamiento bastante notables. Lo que se desprende en una primera instancia es que nadie se ha ocupado en los últimos tiempos de los oficios que son necesarios para el desarrollo actual de las artes escénicas. En ese espacio oscuro entre ministerios de Cultura y de Educación se han ido creando zonas de sombras que, ahora, en una convocatoria pública, se demuestra que en los propios cursos, talleres, lugares de enseñanza de algunos oficios, al salir sin la titulación adecuada y homologada, muchos de los que, incluso, han ejercido las labores de las plazas que ahora salen a concurso, no se pueden presentar debido a las propias leyes de contratación del mismo Ministerio, lo que es una falta de planificación y una confirmación de que nunca, nadie, ningún partido de gobierno se ha puesto a organizar esta parte esencial de la producción y exhibición de las artes escénicas, con el debido respeto, lo que me hace llegar a una conclusión atrabiliaria: el INAEM no está a la altura de lo que se necesita, y se debe declarar en estado de ruina, para construir otro edificio que se amolde a los tiempos presentes y prevenga los futuros. Cuarenta años es una eternidad.

Las nóminas de los corrales de comedia, de las compañías itinerantes siglos anteriores, ya contemplaban una lista de oficios que eran necesarios cubrir de manera fehaciente y ahí ya se relataban los técnicos imprescindibles. En las dos últimas décadas la tecnología ha entrado en los escenarios, por lo que los oficios de siempre se han debido ir especializando. Y junto a esta especialización han surgido otros nuevos que los complementan o que cubren otras necesidades. No se trata de cubrir plazas de oficios que posiblemente vayan perdiendo utilidad por desuso, pero hay que nombrar a los oficios como lo que son, y utilería es algo muy concreto y no puede ser cubierto por alguien que haya estudiado para construir fallas. Y así sucesivamente. 

En el momento actual hay dos líneas de desencuentro: el de los derechos adquiridos por el personal contratado de manera eventual para hacer una función y que ahora no pueden acceder a la plaza por falta de titulación, y el de la falta de estudios y titulación adecuada en todos los rangos. Debería existir en FP unas líneas claras de estudios específicos para dotar a los teatros, las compañías, los grupos, las salas de personal formado. Hasta ahora un carpintero ha podido ser maquinista, y un chispas, eléctrico, pero los complejos sistemas de iluminación requieren de estudios adecuados, y todos esos oficios, que no siempre están en primera línea deben entrar en estudios reglados para que la excelencia en nuestros escenarios llegue en todos sus detalles. ¿Existe una escuela de zapatería teatral? Pregunto, porque me ha venido a la cabeza una granja maravillosa a las afueras de Berlín donde había en los años setenta una zapatería-escuela teatral dependiente del Berliner. 

Los técnicos son parte fundamental del proceso creativo y de exhibición. Se merecen convenios justos, pero también, formación continua, y los que quieran acceder a este magnífico, bello y creativo mundo, posibilidades de titularse para que se reconozca su grado de formación y actitudes, y así encontrarse con un salario adecuado. 

No es mucho lo que se pide. Pero yo diría que es tan importante como ese famoso Estatuto del Artista con el que se entretienen los políticos que no les gusta ser ministros de Cultura y lo demuestran constantemente. Es el caso de Iceta y el nombramiento de su “asesor” en Catalunya, Francesc Marco Conchillo, con un largo historial en cargos públicos, entre ellos en el INAEM.