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Sáb, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Ha terminado la edición de Fira Tàrrega en donde se ha visto más relación entre culturas, entre dramaturgias, entre sensibilidades y creadores desde su nacimiento. Es un camino iniciado hace ya unos años que se consolida, que nos sitúa ante lo imprevisible, ante un futuro que en ocasiones parece imperfecto pero que precisamente por el riesgo que toma, por la inseguridad que se puede sentir al dar la oportunidad de crear en plena libertad, quizás abriendo vías desconocidas, otras aprovechando las existentes pero dándole otra mirada, con la incorporación de lenguajes y tecnologías que ayudan o contaminan, pero que son indudablemente los instrumentos que se utilizan de manera generalizada, lo actual, lo de hoy en día, que no garantiza que sea lo de mañana, pero que hoy conecta con los públicos jóvenes.

Porque en Tàrrega, el público, los públicos mayoritarios son jóvenes. Muy jóvenes o familiares con niños. Eso se ve a simple vista, es obvio que también hay otros públicos, que llenan otros espacios, las salas, pero el común de las masas son de juventud, de avidez, de seguimiento de los acontecimientos devolviendo una energía renovadora. Es en este plano de comunicación, de relación entre lo ofrecido y sus receptores en donde consideramos que existe una buena correlación de intereses y necesidades.

Los espectáculos se dirigen a esos públicos, con temas y formas que le son comunes. Y eso es muy importante. Y eso es una de los grandes logros de la dirección de la Fira en los últimos años, saber colocarse al frente de una renovación generacional que nos está apuntando a los dramaturgos, directoras, actrices, coreógrafas, músicos que tiene algo que decir y lo dicen en un estado de búsqueda estética que podemos considerar caótica por su diversidad, pero importante porque busca romper con un pasado inmediato desde la continuidad o el desafío.

No quisiera hacer nada nominativo ni personalizado en esta homilía lunática escrita en plena Diada con el eco de cientos de miles de catalanes reclamando la independencia, porque en este contexto, en esta clara y evidente identidad catalana de la Fira, es el auténtico lugar para la internacionalización, donde se trata con la misma categoría y dotación al teatro iberoamericano, sin paternalismos de ningún tipo, y en esta ocasión ha sido Chile el país invitado, pero de México hemos visto hasta una coproducción estrenada con actores locales. Es decir, no hay solamente discurso y eslóganes, sino actos, colaboración, contactos, se crean los espacios para el trato, para la venta, para el encuentro.

Y se utilizan espacios ciudadanos no habituales para las artes escénicas, que parece ser una de posibilidades del teatro del futuro, porque se debe entender que el debate espacial es fundamental, que la esencialidad de la teatralidad no es solamente un asunto dramatúrgico, sino una totalidad de su relación como algo específico que busca otras maneras de relacionar al creador con los espectadores. La misma calle anda en una búsqueda de esa reformulación específica.

Tàrrega siguen siendo la vanguardia de todas las ferias. Organizativamente, con sus objetivos estructurales nítidos pero además está incidiendo de manera muy efectiva en el campo estético, en el terreno de buscar y propiciar de manera directa lo que está viniendo, lo que se relaciona con los tiempos actuales en lenguajes actuales. Por eso es tan necesaria, por eso es tan importante.