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Lun, Dic

La loca de la casa | Maloka Rincón

Ayer era verano, y no estoy loca. Ayer había un sol que abrasaba y hoy es invierno; No hay ni una fisura en las nubes por la que se cuele un rayo de sol. No lo entiendo, mi cuerpo no lo entiende, parece un delirio. O más bien, parece un grupo de teatro.

Una transición demasiado rápida para que mi cuerpo la entienda. El intelecto si, ese sí que lo entiende, pero tal evidencia intelectual no me interesa si mi cuerpo no lo entiende.

Esta vez se me escapo algo...

Veo en el clima lo mismo que en el grupo de teatro, que un día quema y al otro hiela.

¿En dónde está la transición?

Es el grupo entero de blanco a negro y de negro a blanco. De hiperactividad creativa a encefalograma plano, y no es cosa de uno ni dos miembros. No veo la individualidad, todos son uno solo, tal vez consecuencia del afán de hacer grupo verdadero basado en cooperación, el grupo como unidad tal y como el clima,( aunque el humano se empeñe en deshacer tal principio de unicidad, de cooperación...)

¿Cuál es el ojo capaz de detectar la transición?

No puede ser menos que el del director. Director artístico o director de grupo, director de escuela o de empresa. Director de sí mismo (actor, autor etc), pero director al fin y al cabo.

El director entonces aparte de director ha de hacerse vidente. O tal vez el director lleva ya implícita la cualidad de la videncia, esa que le permite ver justo esas transiciones invisibles, o inexplicables, o absurdas o...

Siento que allí, en esa transición invisible esta la magia, la verdadera luz más luz que la del día.

Presiento que esa cualidad que fascina en muchos trabajos puede estar justo ahí, en la capacidad de e-videnciar esa invisibilidad de la transición aparentemente absurda y /o creíble solamente porque si ocurrió. E-videnciar no con el intelecto, sino con el cuerpo, con las neuronas de las viceras, y transmitirlo de una manera casi telepática, evitando que la razón interceda y tome partido, que amanere y quite frescura.

Se me ocurre que en esa transición invisible esta la verdadera espontaneidad de la creación.