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Mar, Mar

Y no es coña | Carlos Gil

Escritura automática. Me sale un título casi sin querer y me cambia la ruta. De intentar ir por las fases de los procesos a llegar a una estación llamada enchufe, enchufismo, corruptelas, corrupción. Hay que cambiar de rumbo. No queremos más brechas, ni lanzar insinuaciones, pero está claro que en los asuntos culturales la ideología, la concepción del mundo, la manera de organización de las instituciones influye y de manera importante en el desarrollo de las artes, del conocimiento de la ciudadanía en asuntos tan fundamentales como las ciencias y las letras y ello acaba siendo un elemento sustancial en la posterior sostenimiento de las estructuras que hacen posible el acceso democrático de la mayoría de la ciudadanía a los bienes culturales materiales o inmateriales.

No todo es fútbol. Ni religión. Ni horticultura. La memoria es tan importante como la ambición. La veteranía es un grado, pero lo imprescindible es tener una idea, saber qué se quiere hacer, porque lo que empobrece más es la inercia miedosa, la autocomplacencia, el conservadurismo disfrazado de tradición o costumbre. Las organizaciones necesitan revisión de sus objetivos, al igual que de sus directivos. Cada cierto tiempo es necesario realizar una Inspección Técnica de Viabilidad de Objetivos, porque no lo que hace veinticinco años era urgente, hoy puede estar obsoleto; lo que hace quince años era un logro, hoy es un atraso ya que vivimos en un ser vivo llamado sociedad, algo que sufre enfermedades, constipados, efervescencias, pasa por fases y eso debe afectar a todo cuanto teóricamente está vinculada con esos movimientos ciudadanos y sociales. Y políticos, dicho sea sin ofender a nadie.

Estoy, de alguna manera, intentando condensar lo escuchado en un encuentro celebrado en el magnífico Teatro Nacional São João de Porto, alrededor del FITEI, un festival de teatro que fue el primero que históricamente colocó lo de Ibérico (Expresión Ibérica) en su enunciado, que lleva treinta y siete años marcando a finales de mayo un campo cultural, territorial para crear una comunidad teatral multicultural, multiétnico y plurilingüístico que sirva para el intercambio fluido de experiencias culturales y artísticas.

Pues bien, este festival organizado por una cooperativa cultural está pasando graves problemas estructurales, económicos, de cambio de dirección y de recuperación del lugar preponderante en la agenda cultural de su ciudad, de Portugal y de la supuesta comunidad a la que sirve, la iberoamericana, aunque, como viene siendo habitual, las relaciones con la otra parte de la península ibérica es desigual, intermitente, espasmódica y en ocasiones ridícula cuando no ofensiva.

Es indudable que cuando una organización así, con tantos años de vida y servicio, tiene problemas internos, que uno supone se deben a diferentes maneras de afrontar el presente y de prepararse para el futuro, eso produce disfunciones operativas, más todavía si suceden en una situación de financiación bastante imposible, ya que saben que durante los próximos tres años no recibirán ayudas de alguna institución, con otras van negociando a la baja año tras año, lo que les limita las posibilidades de movimiento, convirtiéndose en demasiado dependiente y con muchas flaquezas, no cabe duda de que se puede calificar como de precaria.

Pues bien, en este estado, es cuando, a mi entender, más necesario es definir ideológicamente qué se debe (puede o quiere) hacer. Debe ser después de realizar un trabajo de reflexión profunda, de análisis de la situación, primera de la organización, pero también de su entorno, de su encaje en la vida cultural actual, desde donde se deben tomar las decisiones para fijar los objetivos, posibles, realizables, y quizás lo primero sea volver a redefinir lo que es el propio FITEI (Festival Internacional de Teatro de Expresión Ibérica), porque los festivales de teatro de mercado han difuminado el sentido de los propios eventos, convirtiéndolos en una sucesión de espectáculos sin más sentido que el de la oportunidad. Por ello, mi recomendación en la mesa fue que definieran con claridad sus objetivos para encontrar su espacio específico.

Vienen de una gran experiencia, y analizando el camino recorrido, aplicando las nuevas técnicas de las ciencias sociales y sabiendo descubrir los movimientos culturales y de las artes escénicas actuales, seguro que vuelven a encontrar las energías para ir recuperando su pulso y seguir siendo imprescindibles, como siempre lo hemos sentido algunos. Y ello pasa por una buena curadoría, por tomar la iniciativa programática, propia, singular, dentro de sus posibilidades económicas. Por fases. Trifásico. Como un café levantino: café, leche condensada y coñac. O con agua mineral sin gas. Pero primero pensar, después actuar. En esto y en todo.

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