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Vie, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

No hay que confundirse. Dos titiriteros de la Compañía de Títeres Desde Abajo están encarcelados de manera incondicional y sin fianza, por representar una obra de teatro de títeres. No por otra cosa. Una denuncia anónima, una supuesta intervención policial, un juez de pasado turbio cuando era comisario de policía y estuvo muy relacionado con las cloacas del Estado, es decir de los GAL, un fiscal que sin más encomienda que unas pruebas parciales, los detienen, los meten en prisión preventiva y les colocan nada menos que la ley antiterrorista, les acusan de enaltecimiento del terrorismo por un cartel alusivo que forma parte de la obra y ¡qué casualidad! es precisamente una denuncia a la fabricación de pruebas falsas por parte de la policía para criminalizar a grupos antisistema o radicales.

Es decir un hecho notorio de ataque inquisitorial, de ataque frontal a la libertad de expresión, de abuso de poder, de instrumentación de un hecho meramente anecdótico para atacar a un gobierno municipal legítimamente constituido y con la barbaridad añadida de que el grupo municipal el PP (y se supone que con el apoyo de sus conmilitones de Ciudadanos), amplían la denuncia a la concejala y así sucesivamente para que entendamos que se trata de una jugada urdida con premeditación, alevosía y saña. Y hemos visto la jauría de los medios al servicio de los intereses de la banda de Mariano Rajoy cómo han atacado sin recato, con los argumentarios más reaccionarios, que más nos recuerdan a los tiempos del tardo-franquismo.

Sí asusta. Y debemos salir a defender todos hoy, sin titubeos, la Libertad de Expresión amenazada de manera beligerante, como la defendimos cuando encarcelaron a parte de los miembros de Els Joglars en aquella transición tutelada por los militares. No podemos dejar que puedan hacer estas barbaridades con una ley antiterrorista mal utilizada, con una ley mordaza que nos quiere hacer callar a todos, que nos quieren silenciados, sumisos, sin criterios. No, ni un paso atrás, todos a denunciar, a solicitar la libertad inmediata de estos dos titiriteros, de estos dos hombres de cultura, de estos dos compañeros de las artes escénicas. Sin dudas ni justificaciones, ni retóricas baratas.

Una vez aclarado esto discutamos con un poco de orden sobre lo subsidiario, la función de los programadores, los criterios para seleccionar la sobras, los errores de horarios y las responsabilidades de los políticos en toda esta cadena de mando y de gestión. Llegados a este punto quiero mostrar mi repudio más absoluto a la Concejala de Cultura Celia Mayer por no ponerse inmediatamente a defender la Libertad de Expresión como un bien supremo, no solamente un derecho de los artistas, sino de toda la sociedad. Y no, ella se puso a resguardar su sillita, a defenestrar a quienes los habían contratado, anunciar demandas (¡no te jode!) y dar una imagen de falta supina de reflejos políticos, como una Botella cualquiera. Esto duele, porque la Cultura es fundamental para una alternativa política más abierta, más libre, sin sectarismos.

De esto se tiene que hablar y mucho. No se trata de voluntarismos, ni de consignas, ni tonterías. Por desgracia sé de que hablo, y recuerdo que hoy son esos dos muchachos peor mañana podemos ser cualquiera. Si no paramos esta horda censora, estos tufos autoritarios, estamos perdidos. Y ojo con los infiltrados en nuestro propio bando, porque hacen mucho mal por inconsistencia ideológica o por falta de capacidad gestora.

Nos tenemos que movilizar porque es una agresión a toda la ciudadanía, a todos los artistas. Ya no se trata del perfil bajo censor de no contratar las obras que les molestan, sino que aquí han metido en una cárcel a dos titiriteros por una obra de teatro y les pueden caer nada menos que doce años de prisión. Una salvajada. Los que vivimos en Euskadi sabemos bastante de estas cosas. No vamos a enumerar antecedentes. Paremos este montaje policial y judicial. Este ataque a la Libertad de Expresión. Aunque solo sea por autodefensa.