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Mié, Oct

Y no es coña | Carlos Gil

Está terminando la temporada teatral de 2014 en Buenos Aires y hemos podido recorrer algunas salas para ver sus últimas actuaciones. Aparecen nuevos dramaturgos, directores jóvenes, elencos con calidad contrastable, propuestas que van configurando un teatro de nuestros días refrendado por unos públicos que lo sustentan, lo apoyan y lo justifican. Hay problemas por resolver en el campo de la profesionalidad remunerada, de la sostenibilidad de los artistas.

La ciudad de Buenos Aires es teatralmente lo más parecido a un paraíso prometido. Corrientes es una alfombra multicolor, con obras de todos los formatos y categorías, salas remozadas, nuevas, de teatro comercial, de teatro institucional o de lo más subte donde se encuentran clásicos universales junto a autores-directores con Claudio Tolcachir ya aposentado en este centro neurálgico del cuerpo teatral porteño.

Pero crecen focos nuevos de concentración de salas en otros barrios donde es posible rastrear los más emergentes, las nuevas generaciones que vienen apretando. Los problemas estructurales son muy parecidos a los que sufre la producción y distribución española. El ámbito económico en el que se mueve es precario, el voluntarismo y la vocación suplen la falta de otros recursos financieros, pero notamos algo fundamental, el seguimiento de unos públicos que parecen encontrar motivaciones suficientes para acudir, aunque diluvie como tuvimos ocasión de comprobar, lograr ocupaciones significativas y ante una oferta que además de extensa es muy variada. Y lo que más nos congratula es que se trata de públicos de varias generaciones, con importante presencia de los jóvenes, pero mezclándose con otros de mayor edad, cuestión que nos crea una magnífica sensación de recambio, no solamente en los escenarios, sino también en las plateas, asunto que nos preocupa mucho.

Es inabarcable todo lo que ofrece la cartelera. Hemos podido husmear algunos detalles. Hemos tenido la gran oportunidad de poder dar una charla junto a Jorge Dubatti con su grupo de investigadores y críticos. Un núcleo que crea opinión, que tiene opinión, que desmenuza la realidad teatral estudiándola y regurgitando sus análisis para formar unos públicos mejor informados, mejor formados y más exigentes y que nos ha servido para poder comprender mejor algunos de los movimientos y tendencias que se van consolidando. Un nivel de comunicación y participación que forma parte de la idiosincrasia del teatro porteño, o al menos de una parte del mismo y que le da otro nivel de eficacia y profundidad.

No queremos sacar de momento muchas más conclusiones. Vivimos esta inmersión teatral con todos los poros abiertos para absorber las buenas vibraciones, las calidades, los matices, para dejarse mecer por esta corriente continua de un teatro que sobresale dentro de una precariedad crónica y que ha hecho de la necesidad virtud. Admirados, con ganas de aprender, de comprender la importancia de un teatro que se hace para unos públicos ávidos, respetuosos, entendidos que empujan en la misma dirección. Un nivel socio-cultural y teatral que debe ponerse uno como objetivo a alcanzar.