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Jue, Ene

Y no es coña | Carlos Gil

Veinticinco años de FETEN vienen a representar una visión real de la evolución de las propuestas teatrales en general y de cómo es posible otra posibilidad de ir creando estructuras cambiables y más adecuadas siempre que se trabaje en coordinación, con criterios selectivos y con planes de futuro. He escrito varias veces que si algo ha tenido una clara progresión conceptual, artística, de gestión es el teatro para niños y niñas. Incomparable la media de calidad, de intención, de especificad de los espectáculos de hoy con los de hace veinticinco años. Mucho mejor.

Colocados en este lugar, quisiera abundar en algunas nociones y algunas dificultades estructurales que impiden que lo anteriormente enunciado sea completo y universal. Las edades de los espectadores a los que se dirigen las obras, no se respetan de manera absoluta. Si el teatro para bebés no debe tener problemas, parece que queda clara la limitación, después desde la propia concepción de producción, las servidumbres de la exhibición a unos resultados, la poca exigencia de los tutores, la imposibilidad de poder atender a todas las franjas de edades, de esos tres años hasta los diez, por poner un límite, es de difícil arreglo. Se van dando pasos, pero como no mantengamos la alerta, como no se reclame y exija esas acotaciones podemos ir perdiendo terreno y volver al caos anterior.

Todos los que me siguen conocen mis reticencias hacia las campañas escolares. Capitaneados por Ricard Salvat, en el año 1975 hicimos una experiencia en L'Hospitalet de Llobregat, que intento siempre poner como ejemplo, ya que se hizo una campaña de aproximación de las aulas al teatro, la música y el cine, con planes específicos. Con una participación activa del profesorado, con apoyos de la empresa privada, pero con el amparo de un incipiente Patronato de un ayuntamiento en transición que apoyó de manera clara la propuesta.

Lo importante de aquella experiencia que no ha sido desarrollada posteriormente, o al menos yo no lo conozco, pese a intentarlo de manera menos ambiciosa en Vitoria-Gasteiz en el año 1980, es que no se llevaba a los niños a ver obras de teatro, sino que se hicieron espectáculos específicos, con dramaturgos y directores para ir introduciendo a los escolares en el teatro, la música o el cine. No ir de espectadores simplemente, sino a ver cómo era el teatro clásico, el griego, el moderno, con textos pensados para que fueran didácticos y entretenidos. Con respuesta en forma de un concurso de redacciones de los niños y niñas que después se convertían en premios, con monitores que apoyaban en las escuelas esas iniciativas, porque se trataba de hacer ciudadanos que se interesaran por esas artes. Duró un curso y medio. Vinieron elecciones y acabaron con el proyecto.

Durante años se ha practicado las campañas escolares de manera intensiva, pero con contenidos casuales. Yo mismo las he hecho y hablo con conocimiento de causa. Los propios grupos hacen sus producciones de una forma aleatoria, con adaptaciones de cuentos clásicos, con obras nuevas, pero confundiendo, a mi entender, lo que debería ser el teatro familiar, el que se hace abierto a todos y el de campaña que tendría que acercarse a intenciones didácticas, porque se hacen en el ámbito de la escuela, en horario escolar y se puede acumular experiencias y progresar conjuntamente.

Lo vuelvo a explicar porque ya he renunciado a que nadie me haga caso. Se ha logrado un sistema que parece funcionar y esto rompería lo actual de alguna manera. Y estamos con presupuestos reducidos, por lo que hay que asegurar los mínimos. Hay que mantener las actividades, pero deberíamos volver a pensar estas variables, como algo que esté más relacionado con la educación. Si pensamos que sería imprescindible para una ciudadanía más libre que las artes escénicas estén en el currículum escolar, deberá ser, me imagino, a partir de ideas de esta índole no solamente para hacer teatro, que también, que es imprescindible sino de un plan de enseñanza para que salgan con conocimientos y criterios.

Por eso digo que el punto de apoyo para mover todo esto pueden ser estos veinticinco años que debemos celebrar, pero pensemos en los próximos veinticinco, imaginémonos como debería ser, o cómo será, el mundo, la enseñanza, las artes escénicas, la ida laboral , el tiempo de ocio y vayamos aproximándonos a ello, no sea que nos despistemos y quedemos sobrepasados por las circunstancias y las coyunturas.

Estoy lejos, no puedo estar para celebrarlo. Larga vida al FETEN.