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Dom, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

Hay momentos de la primavera de cada vida que el acné se convierte en un problema tan grave como el tamaño de los genitales. En la política partidaria, partidista, la que se consagra en nuestro sistema político actual, parece que los sarpullidos estacionales han evolucionado hacia una crisis absoluta, total, endémica, estructural. Cada vez que se conoce que a un presidente de Murcia se le aparta por un caso de corrupción en la construcción de un Auditorio en el pueblo donde era alcalde, aparece de nuevo la duda. Una duda lacerante. Y miro los más setecientos edificios públicos dedicados a cosas similares y me dan ganas de pedir Justicia.

Confieso que me encuentro en una confusión que casi me lleva a confesar mi creciente animadversión a todo lo que tenga que ver con la Cultura y las Instituciones. Me duele cada acto de corruptela que es silenciado por intereses personales o miedo. No se mueven cifras exuberantes en el mundo de la cultura, pero lo suficiente para que existan personajes que llevan años chupando del bote, empotrados en las instituciones, parasitando asociaciones, provocando una parálisis total y absoluta de cualquier posibilidad de cambio y se proclaman los líderes de la empresa privada. Mentira, se llevan más dinero público que nadie. Y encima no quieren control pormenorizado de sus gastos.

Pero mi confusión viene de nuevo ante las campañas de desprestigio, de señalización, que lleva en la práctica a una censura, y que se hace de manera coreografiada por los medios de comunicación con consecuencias bastante deplorables en los responsables de programación o de contratación. Me refiero hoy una campaña en la que se lleva a boicotear una serie de televisión de Antena 3 porque una de las actrices solicitó en un vídeo el retorno de los presos vascos a las cárceles cercanas. No quiero poner su nombre, ni el de otra actriz señalada por lo mismo, ni el de muchos actores que por ponerse en una actitud a la izquierda de la miseria ideológica actual son perseguidos, expulsados de los repartos, anulando su carrera y comprometiendo a las compañías que los contratan, si es que hablamos de teatro.

Yo he sufrido hace años eso de manera feroz en mis carnes. Pero sigue ocurriendo y me confunde, porque no se crea el mismo acto censor cuando un actor famoso es descubierto con dinero en Panamá, con acusaciones de desfalco a la Hacienda. No, no sucede nada, sigue contratada por la televisión que se sufraga con los presupuestos generales. NI siquiera ante algo tan sensible en estos momentos, acusados, y hasta condenados, por maltrato siguen tan panchos. Solamente se ataca frontalmente al pensamiento de izquierdas, o al menos a aquellos que creen que un mundo mejor es posible. Y en el caso de Euskadi, con ETA desarmada, ¿no sería lógico pedir la vuelta de los presos a cárceles cercanas? O dicho de otro modo, acabar con la política anticonstitucional de dispersión de los presos vascos.

Así que empecemos este mes de mayo tragando la hiel de las corruptelas como si todo fuera normal. Aplaudamos a los que han convertido el panorama de las artes escénicas en un erial y esperemos que llegue el verano.