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Lun, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Hemos estado en Badajoz participando en Foro Teatral Ibérico dentro del cual se ha celebrado el II Encuentro Teatral en la Raya. Hombres y mujeres del teatro de Portugal y de algunas partes del Estado español, especialmente de Extremadura, han expuesto algunas de sus angustias en público. Desde el sistema organizativo, hasta las euro-regiones, pasando por lo cercano y que forma el tejido real, estado de las compañías, de las redes, incipientes propuestas de unión de los actores, de establecer vínculos cooperativos en la producción, hasta el mundo de la edición.

Uno saca conclusiones que intentan desdramatizar una situación concreta. Hay veces que las rayas no están en las legislaciones o en las fronteras, sino en la historia de los pueblos y se convierten en rayas mentales que impiden una relación abierta y sin prejuicios. Nadie puede dudar de la necesidad de entendimiento entre portugueses y españoles, pero la pregunta está en dónde colocamos esa colaboración para que se convierta en algo eficaz, al servicio real del desarrollo de ambos colectivos, especialmente en lo creativo. Porque la tendencia que se observa de manera reiterada, aburrida y que provoca, a mi entender, más de una deserción, es que todo se quiere llevar por arriba, es decir, por la espuma, o lo que es peor por los aledaños del poder.

Rápidamente aparecen quienes crean estructuras ficticias o simplemente oportunistas para canalizar el esfuerzo general, siempre buscando la subvención, la ayuda, antes que el proyecto, que la idea. Es algo nefasto: ¿De quién es el centenario, o bicentenario el año 2010? Pues saldrán decenas de propuestas para esas celebraciones. Si en una convocatoria de subvenciones algún espabilado coloca como objetivo el que se premiará los autosacramentales, aparecerán cientos de propuestas recuperando este género religioso. Es decir, no existe una línea de trabajo, un objetivo, un “programa”, sino que se acomodan las producciones a las normativas existentes, y cambian a su mismo ritmo que cambian los supuestos responsables de las decenas de lugares donde emanan convocatorias para ayudar a la producción teatral.

Esta actitud caza-subvenciones, este trabajo oportunista lo entendemos como un desastre que nos ha llevado a una ausencia de definición en las propuestas, lo que por otro lado ha uniformado todas las producciones y que ha propiciado un teatro de mercado que hace aguas por todos los costados, aunque algunos se encarguen de decir lo contrario, por ignorancia o por estrategia  de ventas. La variedad, la biodiversidad, en las artes escénicas, debería ser una condición imprescindible. Esto es lo que se ha perdido y quizás para nunca más volver. La personalidad de los creadores, su diferenciación de los demás. En el Estado español es más, mucho más uniforme y comercial el teatro que normalmente se hace que en Portugal. Doy fe. Por lo tanto creo que hay que mirar con admiración sus trayectorias y sus propuestas y no considerarlas menores, sino, lo contrario, mayores. Acercarse a sus presupuestos estéticos aportando, quizás, alguna noción más actualizada de sistemas de organización, producción y distribución.

A orillas del Guadiana  uno siente más esperanzas por las pequeñas colaboraciones, por la unión temporal de dos compañías, de dos, tres o más equipos en un proyecto concreto, que en el camino burocratizado, castrador, generador de fusibles funcionariales que chupan las energías a los emprendedores. La administraciones, el día que se democraticen y dejen de ser meros aparatos controladores y se pongan al servicio de la ciudadanía, deberían apoyar este tipo de colaboración y proyectos de un manera sencilla, sin poner trabas administrativas absurdas. De mantenernos en esta situación, jugaremos a una rayuela donde es dificilísimo llegar a la salvación porque se pisan demasiadas rayas de certificación, actas notariales, avales, y demás zarandajas de una burocracia que crece de manera abusiva en lo local, lo regional, lo estatal y lo europeo.

Es bueno, necesario, enriquecedor encontrarse, hablar, debatir, conocerse, analizarse, comprometerse, pero es mucho más urgente empezar a tomar decisiones, hacer las cosas que se piensan, probarlas, avanzar y demostrar que tenemos algo que decir, que hacemos lo que tenemos que hacer y que las administraciones y sus representantes en la ventanilla deben seguir nuestro ritmo. Y no al revés. Y que no se nos olvide que la Excepción Cultural, no es un rap, sino un concepto que debemos asumir, pelear por él, porque no se trata solamente de nuestros salarios, sino de la sociedad entera, esa que nosotros, las gentes del teatro, conocemos como Los Públicos. Sin ellos, lo anterior es un panfleto.