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Jue, May

Y no es coña | Carlos Gil

En la presentación el pasado jueves de la temporada 2013/14 del Centro Dramático Nacional de España, su actual director, Ernesto Caballero, soltó una frase que volvió a despertar en mí una vieja querencia que desearía exponer a la concurrencia. Dijo, al referirse a un montaje sobre las Comedias Bárbaras que él mismo va a dirigir, que creía que Valle Inclán debería estar siempre en la programación del CDN, "aunque sea por omisión" señaló.

Esto lo interpreto como que si no se pone nada en la elaboración del programa de próximas temporadas, al abrir el Excel de la parrilla, debe aparecer inmediatamente un renglón que diga "obra a determinar de Ramón María del Valle-Inclán." Y estoy de acuerdo. Más que de acuerdo, me parece una medida timorata, poco adecuada con el auténtico valor que a mi entender tiene el autor gallego.

Yo creo que en un Estado donde realmente se valorara el Teatro, y el patrimonio Teatral, además de tener una Compañía Nacional de Teatro Clásico, como se tiene, debería tener un Teatro con un compañía propia dedicada exclusivamente a representar a Ramón María del Valle Inclán. Todas sus obras, de la primera a la última, en diversos montajes de todas las épocas y formatos, de producción propia, coproducción o con compañías de todo el mundo invitadas. Un auténtico festival Valle Inclán ininterrumpido, un lugar por donde deberían pasar niños, jóvenes, estudiantes universitarios, adultos, jubilados, turistas, soldadesca, curas, catedráticos, filólogos y teatristas en general.

Sobre Valle Inclán se debería fundamentar el imaginario teatral colectivo español. Dejar a los clásicos del siglo de oro donde están, en el museo, y darnos la oportunidad de ser reconocidos desde dentro y con proyección exterior por Valle. De acuerdo, admitamos a García Lorca, como acompañante apropiado. Pero quizás los más lorquistas soliciten el mismo rango, un teatro y/o compañía dedicado a su obra. Yo los apoyo. Pero insisto en Valle. Tiene tanta riqueza en el idioma, plantea dramatúrgicamente tantos avances en su tiempo que han llegado hasta ahora con la misma frescura y provocando los mismos problemas a los directores de carril actuales, es una lección de teatro comprometido con su tiempo y la historia, es tan, tan moderno, que debería ser, amigo Ernesto: Valle por obligación.

Hubo un año Valle, Juan Antonio Hormigón fue el comisario de todo cuanto se hizo en su memoria y reivindicación. Hay material para cansar. Rescatemos eso, pongámoslo al día, dediquemos esfuerzo públicos para estructurar un futuro desde este grandísimo punto de apoyo. El esperpento es una cualidad estética, una recurso técnico, una manera de llevar el teatro a la categoría expresiva de Goya.

Me he quedado muy a gusto. Es una propuesta que con algunos amigos hace ya algunos años la habíamos hablado por encima. Seguramente no es el tiempo. ¿Cuándo lo será? Me parece a día de hoy más importante un Valle que mil calderones. Con perdón. Me he puesto estupendo.