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Sáb, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Hay cosas que suceden al mismo tiempo y nadie sabe las razones para que así sea. La Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos de Alicante, coincidió con el Salón del Libro Teatral de la AAT y con Mercartes, que organizan varias entidades globalizadoras de la producción, la distribución y la exhibición en las artes escénicas. Dijéramos que, sin quererlo, se disocian la parte más cultural, los libros, las dramaturgias, los espectáculos actuales, las traducciones, de la más pragmática, el mercado. 

Insistiremos en la misma idea básica, por mucho que se quiera cambiar los polos de atención, sabiendo que hay cosas que son importantes que se celebren, nadie me va a bajar de mi visión contingente de la realidad. No hay teatro sin autoras y actrices. No hay danza sin bailarines. No hay artes escénicas sin públicos. No hay públicos sin obras que se exhiban en salas adecuadas. Y a partir de ahí, entra la ideología. De lo que no se habla porque se sigue una muy clara, muy neoliberal, muy fantasmagórica, sin tensión cultural, sin los suficientes controles de calidad, que se disfraza de muchos nombres. Se trata de hacer creer que los públicos van a ver las programaciones y no lo programado. Que los distribuidores venden sus productos y no obras de teatro que han sido producidas a partir de un hálito artístico, con una idea del mundo plasmada en un escenario de millones de formas y estéticas diferentes pero que todas deben tener cabida en los edificios teatrales de titularidad pública.

Es obvio, hay muchas maneras de afrontar todo el proceso y colocar el énfasis en una parte u otra, es lo que demuestra la ideología, lo que hace que hoy algunos productores se crean poseedores de toda la verdad, que sí está claro que copan la inmensa mayoría de las programaciones de una serie de teatros que son los que tienen mayor presupuesto para la exhibición. Sin contar con las unidades de producción institucionales, los festivales más grandes y grandilocuentes, que consumen mucho presupuesto y tienen unos contenidos en ocasiones tan interesantes, importantes, magníficos como aleatorios. 

No van a encontrar en esta homilía lunática ninguna conclusión, ninguna consigna, ni siquiera estoy convencido de que sea justo, cercano a un porcentaje de la realidad de las artes escénicas, pero seguro que no hay nada que sea mentira. Y sí que deseo colocarme, otra vez, en algún lugar evidente para que no se confunda. Uno no es lo que dice que es, sino lo que hace. Por eso, aplaudiendo que los de siempre se reúnan otra vez con los de siempre, que se sigan creando expectativas a base de reuniones, intercambios y exaltación de la mistad, creo que es necesario atender, con la misma actitud, con la misma alegría, con el mismo presupuesto y cobertura, lo que tiene historia y se dedica a cosas tan necesarias como la edición, la traducción, el visionado de espectáculos de autoras y directores no habituales, que se pueda programar con riesgos, que entendamos que los errores son tan trabajados como los aciertos, que los públicos son muchos y que hay que escuchar a todas las tendencias, protegiendo lo que sea más difícil de sostenerse en el supuesto mercado, ese ente inexistente, que se lanza como coartada para mantener unos ciertos privilegios de clase dominante en el sistema total. 

Leo a un compañero en una revista especializada comentando que en este mes de noviembre hay más de setenta estrenos solamente en Madrid. ¿Es bueno, malo o regular esta concentración temporal de estrenos? Algunos de los mismos se estrenarán y esperarán la muerte lenta. Otros, dependiendo de productores, modas, equipos de creación, tendrá muchas posibilidades de seguir representándose. Señalemos que hay muchos niveles de producción, muchas las diferentes, teatros privados y públicos, pero no parece existir nada ni nadie que ordene este caos. Quizás no sea necesario esta explosión. Pero sí que debemos remarcar que todavía, lo único imprescindible es un actor y una espectadora. Lo otro es relativo.

Ver todas las obras de una Muestra no significa otra cosa que recibir en unos días información de algunos de los movimientos que se están gestando en el territorio de las dramaturgias en español o catalán. No se puede hacer una descripción absoluta de lo que está sucediendo, porque siempre, todos, tenemos miradas parciales. Se selecciona un número determinado de obras y espectáculos por razones múltiples, pero se reciben cientos de propuestas. Los que los vemos, vamos a todas y algunas ya hemos visto. Porque existen locos y locas que ven teatro casi cada día. Muchos días más de una obra. Y son los que pueden hablar con alguna perspectiva de la realidad cambiante. Yo hablo de lo que veo y escucho en los escenarios, de lo que leo en los libros, de aquello que me llega desde todos los confines de Iberoamérica. Y siento que todas aquellas personas que tienen el privilegio de poder tomar decisiones, en el plano que sea, deberían comprometerse mucho más para cambiar el sistema y hacerlo más racional y más eficaz desde una idea cultural y asegurar que para llegar a la excelencia se deben crear las estructuras y condiciones apropiadas desde la escuela, hasta el rigor en todo el recorrido. Y los públicos se irán formando con aplicación de inteligencia y técnicas sociales muy conocidas y acompañarán todo lo que sea bueno, novedoso e importante. Es una cuestión de decisiones políticas, pero también de impulsos profesionales y sociales dentro de todos los estamentos.