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19
Mar, Sep

negro & negro

 

A finales de abril de este año se celebró el Festival de Teatro de Caracas, vernos el sur. El festival cumplió su sexta edición con la presencia de más de 6000 artistas venezolanos y más de 300 artistas internacionales. Acudieron representantes de los principales festivales latinoamericanos y también de algunos significativos festivales europeos, con más de 25 programadores quienes participaron en un mercado de artes, un foro de negocios, pitch-ing, clases magistrales, talleres o mesas de debate. Más de medio millón de venezolanos pudieron disfrutar del festival de una u otra manera.

Un esfuerzo organizativo y económico solventado con profesionalidad y criterio. La curaduría internacional impecable. Me impresionó el espectáculo “Mi hijo sólo camina un poco más lento”, pieza argentina dirigida por Guillermo Luis Cacace: doce actores en escena para contar la historia de un joven de 25 años que, desde su silla de ruedas, intenta pasar inadvertido el día de su cumpleaños, generando un sinfín de reacciones por parte de toda su excéntrica familia que no acepta o niega su dificultad física. ¡Que buen trabajo! Desde España llego The primitals que triunfó en Caracas. Los chicos de Yllana & Primitals llenaron dos funciones y fueron despedidos con aplausos enfervorecidos con la grada puesta en pié. La Alcaldía bolivariana distinguió a la compañía con la “llave” de la ciudad, que se la entregó el Alcalde en su segunda función. “Me llamo Suleimán” desde Canarias también obtuvo una acogida muy buena. Acaso pasó casi todo lo significativo en el teatro latinoamericano como La Maldita Vanidad, la Congregación o Teatro Petra desde Colombia. Propuestas brasileñas, chilenas, uruguayas, mexicanas… La compañía vasca Tanttaka presento “Soka”, coproducción con el Teatro Victoria Eugenia fruto del proyecto NUEVAS DRAMATURGIAS impulsado por DSS2016 y los teatros de Bilbao, Vitoria y San Sebastián. Respetuosa y calurosa acogida por parte del público y en ese orden a este trabajo serio y contundente. La representación vasca no se limitó a la sala. Markeliñe presentó su histórico “Carbón Club” a puntito de cumplir veinte años del estreno.

La representación venezolana fue amplia. Se vieron espectáculos interesantes como “Dónde caerme viva” o “Pessoas” o la originalidad del Teatro Negro de Barlovento por poner unos ejemplos.

Festival memorable, bien organizado, cuidado, seleccionado con sensibilidad y destreza. Organizado con grandes dificultades y con mucho esfuerzo. Con un nivel gubernamental implicado con el festival y con las artes escénicas. El festival me posibilitó ver bastantes cosas…las que allá acontecieron y las que por mi cuenta. Cosas que no se cuentan, o que las cuentan al revés. Vi una oposición política muy organizada, con una importante financiación económica, con muchos medios materiales, y con voceros que les amplifican sus azañas y les apoyan. Sus actuaciones en las calles rozan los límites de la legalidad. Hay hechos manipulados desde la oposición y desde fuera. Hay dos “venezuelas”: la del Pueblo y la de la oligarquía económica…posiblemente haya más venezuelas. ¡Ay! si Venezuela en lugar de petróleo tuviese bananas… Fui a Venezuela y vi más cosas.

   

 

 

 

 

 

 

 

 

Artez - La revista de las Artes Escénicas

 
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