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Mié, Jun

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Acabo de asistir a una charla donde se habló sobre la definición de vida. Como es obvio, no existe una definición única, sino que tantas como enfoques se utilicen en el intento. Todos sabemos instintivamente lo que es vida pero no somos capaces de traspasar esa sensación de lo que es, a palabras que den cuenta de un absoluto intelectual. ¿Qué hace qué un ave, una bacteria y un árbol estén igualmente vivos? Si consideramos que no somos científicos, la definición que pudiésemos dar, seguramente iría más por el lado de las sensaciones que por el lado de los datos duros incuestionables. Desde nuestra ignorancia relativa podríamos tratar de aventurarnos ingenuamente en explicaciones biológicas, termodinámicas, físicas, químicas o desde otras perspectivas, seguramente logrando elocuentes descripciones que den cuenta del fenómeno pero no una real definición general. La vida es tan univoca como el hecho de que solo se puede estar vivo o no vivo, lo que no necesariamente implica estar muerto. Una piedra no está viva pero tampoco muerta. Para nosotros los neófitos, quizás sea una mejor opción la de comunicar esa sensación por la vía del lenguaje no escrito, ese de los gestos, los silencios, las miradas. ¿A quién no le ha pasado que al ser imposible decir algo de lo que sentimos con palabras del diccionario, una simple mirada ha bastado?

Para el ser humano estar vivo es más que establecer un equilibrio energético, producir una barrera de auto protección con el medio, reproducirse o evolucionar; es sentir. Sentir que se está vivo. Reaccionar a los estímulos del medio con acciones que van más allá de la simple razón. Reír y llorar, amar y odiar, ir y estar, son parte de los pares opuestos que definen la vida humana. Toda definición es acotada al conocimiento que se tenga en el momento en que se postule tal definición. Con mucha suerte y osadía, podremos aventurarnos en la incógnita que nos depara el futuro, pero siempre será una fotografía instantánea y no un absoluto perdurable en el tiempo. Bajo las actuales definiciones que se manejan para el concepto de vida y el avance tecnológico impresionante que han tenido las maquinas en los últimos años, es muy probable que en un futuro cercano los robots puedan ser considerados como estructuras vivas. No me refiero a esa caricatura de robot con forma pseudo humana y voz de sintetizador que se mueve de manera marcadamente mecánica, capaces de aprender de sus actos de mejor manera que el hombre y realizar tareas de forma eficiente, minimizando el error que si cometen, no lo vuelven a repetir. Toda máquina es una estructura creada por el hombre para ayudarlo y hasta para reemplazarlo en labores que este ya no quiere realizar ya sea por ser cansadoras, riesgosas o simplemente porque ya no quiere hacerlas sin mediar explicación racional alguna. Si esas estructuras robóticas llegan a entrar en la definición de vida, como parece que podría llegar a ser, la raza humana estará creando una nueva raza, una nueva vida transformándose en un Dios. Como una divinidad castigadora, ya tenemos la capacidad de destruir pero hasta ahora solo nos hemos replicado sin crear nuevas formas de vida inexistentes a partir solo de nuestra voluntad. Destruyendo lo hemos hecho de manera destacable, teniendo un nivel de eficiencia sobresaliente en tal labor. La gran pregunta es si seremos tan eficientes en crear vida sin las características negativas de la raza humana. Siendo el animal que en teoría está en la cima de la cadena evolutiva, entramos en contradicciones extremas que atentan en contra de nuestra propia existencia, comportamiento aberrante que solo tiene el ser humano. Teniéndonos a nosotros mismos como referente, así como hemos creado divinidades con características humanas, siendo las más conocidas en este aspecto las culturas griegas y romanas, con familias enteras de dioses, ¿Seremos capaces de no replicarnos como lo hemos venido haciendo hasta ahora sino que de mejorar en nuestra creación?

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€